Día 224.

Cuando leí el Infierno de Dante, me encontré con una palabra interesante: simonía. Para los que la practican se encuentra destinado la tercera fosa en el octavo círculo o Malebolge, en donde son enterrados boca abajo dejando libre los pies los cuales son quemados. Dante, poeta oficial del merol. ¿Que puede merecer un castigo tan denso? la compraventa, claro, en este caso de cargos eclesiásticos. También aplica para productos espirituales, como la gracia de Dios. Por lo que investigué, en la Biblia sale un personaje llamado Simón el mago (nombre de payaso de plaza pública) que pretende comprarles con oro a los apóstoles Pedro y Juan su habilidad para hacer milagros, transacción que rechazan. La venta de superpoderes ya estaba mal vista desde esos tiempos.

En la Europa medieval, si poseías un terreno, y en ese terreno se hacía una iglesia, la iglesia era tuya, por tanto podías decirle a tu cuñado que la administrara dándole el cargo de cura. El ha su vez, podía cobrar por sus servicios como dar la comunión a sus feligreses y todos ganaban. Por otro lado, los Papas decidían a quien mandaba a tal o cual obispado, asunto que podían aceptar sugerencias a cambio de un leve billetito o favores de la realeza, que importaba si se contara con preparación o no para el cargo. Negocio redondo. Lo malo es que la banda se agüitaba con las amenazas de que se iban ir al infierno si no soltaban  varo. Ya ven como son los feligreses de sensibles. Así que se prohibió lucrar con la salvación eterna alderredor del año mil. Que bueno que ya no existen esas practicas y los que las practicaban están en el puritito infierno. Obvio no. 500 años después Lutero seguía denunciando la venta de indulgencias, y otros 500 adelante la cosa se sigue manejando menos agresivo y sin palabras tan feas como simonía. Ahora se maneja el tradicional, que es la practica de dar el 10% de lo que ganes a la iglesia. Si no quieres, no pasa nada, total, eres el único miserable de tu comunidad que no aporta ni viendo que la parroquia ocupa una buena mano de pintura, al cabo nadie va a pensar menos de ti o tu familia. La culpa, pilar del catolicismo operante.

Es curioso como cambian las cosas para mantenerse igual.

En nuestro diario saber y entender el tráfico de influencias es considerado un crimen, pero uno chiquito, sin victimas y que rara vez se castiga, de los denominados de “cuello blanco”, que a mi me suena a una manera de minimizar la perversidad del acto en si. Dado que las personas que utilizan este tipo de corrupción deben de contar con una posición de poder que les permita decidir a quien colocar en tal o cual posición, damos por sentado que es una persona preparada, rica o de quien hay que cuidarse. Un modelo a seguir por donde lo veamos, y se ve muy feo juzgar a los modelos a seguir. Ya sea un jefe de sindicato, un director de empresa, un luchador social, o un pariente acomodado, mientras nos beneficie o no nos afecte le aplaudimos y lo defendemos: igual nos acomoda en algún alguna chamba aunque no tengamos el perfil, total, uno le va aprendiendo. Claro, si nos perjudica o beneficia a alguien que no nos cae bien, entonces nos escandalizamos de hasta donde ha llegado la sociedad: hágase tu voluntad sobre la milpa de mi compadre.Como a Simón el mago, que cuenta la leyenda que se puso a volar en el foro romano afirmando ser divino, cosa que no le pareció a Pedro, quien le rezó a Dios para que cayera. Así pasó, se rompió las piernas y la multitud lo apedreo a morir.

No hay que meterse en el territorio del patrón.

Death_of_simon_magus

“Muerto por jugarle al verga”.

 

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