Día 226.

El siguiente texto lo escribí hace tiempo, le he dado una buena editada.

Que lo disfruten.

Estaba leyendo un articulo acerca de libros vendidos como hechos reales que se descubren como fraude. En el numero 1 de su lista aparece “Él” libro que cambió mi vida, la razón por la que me metí en el submundo de la literatura de terror, base de montones de miedos y supersticiones que me aquejan desde los ocho años. Su título es Aquí vive el horror de Jay Anson, mejor conocido como The Amityville Horror dentro del ideario cultural pop. Hagamos un reseña del mismo acompañado de una reseña propia.

Entre 1985 y 1986 sucedieron los primeros eventos que puedo recordar que mezclaban realidad, sentimientos y el entender que no tenía manera de comprender el mundo. Sismo en el DF, Cometa Halley, caída del trasbordador Challenger, todos acontecimientos de los que tuve que hacer dibujos en la primaria. Todos llenos de chismes, historias e histerias entre los compañeros del salón con advertencias que les contaban sus padres y repetían mecánicamente al tiempo que yo repetía las mías creando cacofonías múltiples que chocaban entre si. Desde que tengo memoria, siempre he sido impresionable al igual que un esclavo de mi imaginación, asunto que de niño es tratado como una fase en el que un lado del asunto es bueno y el otro malo, sin tomar en cuenta que ambos están interligados con venas y nervios. Durante esa temporada igualmente sucedió que la chica que nos cuidaba a mi hermana y a mi, la cual vivía en mi casa en papel de chacha y niñera (si, efectivamente desde siempre tengo sangre azul) se casa, dejando la rutina familiar alterada ya que mis padres trabajaban, por lo que a partir de ese momento, comienzo a llegar a una casa vacía a la una de la tarde mientras mi hermana llegaba una hora después, lapso en el que tengo que arreglar un poco los muebles de la casa, hacer el agua de sabor para la comida y acomodar los trastes que ya están lavados del desayuno en la alacena. Casi siempre me quedaba tiempo para chismear entre la colección de autos de juguete de mi padre, las revistas de playboy o los libros de la sala.

Desde siempre quise leerme un libro entero, pero a esa edad todavía me costaba trabajo leer un libro sin dibujos escrito con frases largas, sobre todo tomando en cuenta que la selección de la biblioteca familiar estaba llena de relatos de Robert Ludlum, Stephen King y un montón de autores gringos con temas de espionaje que habían escrito libros chonchos con inicios tales como: Smith dio un ultimo trago a su Vermout seco mientras mentalmente recorría las calles de Soho sobre sus pasos. Definitivamente no entendía la mitad de las palabras y en la primera hoja dejaba el libro por la paz.

Supongo que fueron los dibujos los que me llevaron a Amityville.

El librero en mi casa, habitado por unos 150 libros, se sostenía por dos clavos y una barrita de madera en una pared de ladrillo; debajo de está se encontraba el sillón donde nos sentábamos en familia a ver televisión. A veces recuerdo la distribución de los muebles y me quedo pensando que, sí en algún momento hubieran falseado los clavos que sostenían el librero sobre nuestras cabezas, la noticia en el periódico la mañana siguiente se hubiera referido a la estupidez humana. Bueno, en ese librero se encontraba Aquí vive el horror, cuya edición tenía una portada negra con la silueta icónica de la casa junto con una mosca gigante en gris, cubriendo la mitad de la portada  acompañada de la leyenda “Basado en hechos reales”. Hojeándolo en alguna ocasión después de clases, descubrí que contenía dibujos hechos por un niño…a partir de ese momento comenzamos una danza macabra el libro y yo.

La historia en cuestión es acerca de una familia que se muda a una casa enorme con un precio de una quinta parte de su valor si no recuerdo mal. Rápidamente empiezan a ocurrir eventos sobrenaturales en la casa: las paredes sangran, fantasmas con perfume que abrazan(ándale pues), moscas enormes que llenan el aire, un puerco amigo de la hija mas pequeña de la familia, olores putrefactos en el sótano, voces susurrantes, gritos, el padre pensando en matar a su familia, un cura que va a bendecir la casa que cae enfermo y ni siquiera puede utilizar el teléfono porque le quema las manos, etc, etc, etc. Creo que la escena que mas me llamo la atención en su tiempo fue el padre estando en su cama sin poderse mover, puede ver a través del suelo que se transparentaba una banda de guerra fantasma que tocaba sin despertar a los demás miembros de la familia. Todos estos eventos suceden porque un año antes en la casa, los dueños previos de apellido Defeo (chido su desmadre), son asesinados por uno de sus miembros con una escopeta: mata a seis. Este ultimo es el único evento verídico de todo el libro.

Recordemos nuevamente: yo tenía ocho años.

El dibujo que vi en las paginas interiores, era de un puerco corriendo en la nieve desde una perspectiva de una niña de cinco años. La imagen en si misma no me decía nada, las paginas en donde se desarrollaba la historia de que el puerco tenia ojos rojos malignos que aparecían y desaparecían, sí. Supongo que fue la primera vez que me dio miedo leer algo, porque cerré el libro rápidamente y lo volví a dejar en su lugar, decidido a no volverlo a tocar. Durante los siguientes días,  hice lo contrario cada día llegando de la primaria: abría una pagina al azar evitando la de el dibujo, leyendo un poco acerca de la plaga de moscas o un perro que le ladraba a un pequeño cuarto rojo en el sótano de la casa. Me iba sumergiendo en el libro a pedazos mientras el libro se sumergía en mi. En poco tiempo no quería llegar a casa después de clase, porque significaba que estaría un rato solo en la casa vacía, con el libro esperando y la tentación de abrirlo. Creo recordar que empecé a llevar a compañeros de la escuela para no estar solo. En ese punto comencé a tenerle miedo a la oscuridad y a considerar seriamente que el libro era “malo”, como un ser vivo, una entidad que me decía que todo era cierto ¿que garantizaba que no iba a pasarme entonces algo de toda la lista de horrores que contaba?

Un buen día el libro simplemente ya no estaba y me alegre mucho de ello. Años después, mi madre me dijo que lo habían escondido porque se dieron cuenta que me estaba afectando. Cuanta razón.

Lógicamente el libro es un fraude, que generó mucho dinero entre películas, secuelas al libro, entrevistas y anexos. Hasta la fecha sigue siendo un cochinito al que siguen sangrando con el cuento de que es real porque no pueden comprobar que no lo fue, a pesar de toda la evidencia que lo contradice. Eso es en el sentido lógico. Sin embargo la experiencia humana no es lógica, se mueve entre creencias, sensaciones, actos de fe y emociones sin sustento medible o incluso real. Objetivamente, el libro que estaba en el librero de mi casa solo era papel, tinta, un poco de hilo y pegamento. Subjetivamente, lo vivía como algo pulsante, maldito y amenazante, tanto que marco mucho de lo que soy el día de hoy. En algún momento lo enfrenté,  leyéndolo de cabo a rabo, con lo que me di cuenta de dos cosas: es de las peores historias de terror que he leído (y he leído bastantes) y que solo era un objeto para regresar al librero que después también se colocó en un lugar más seguro. En algún momento desde entonces volvió a desaparecer aunque nadie recuerda haberlo tirado, quizá se tiró a la basura en alguna limpieza. O quizá le salieron patas y me espera en algún rincón.  Si algo he aprendido es que esas cosas siempre vuelven cuando uno no las espera.Amityville.png

“La versión cinematográfica es horripilante”

 

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