Día 229.

Hace tiempo una chica me contó que los escritores tienen la manía de despreciar sus trabajos anteriores y destruirlos. En su momento dije que eso no me pasaría a mí, hasta que casi lo hice. Con esa lección aprendida, dejando descansar por un rato el ego y para romper un poco el ritmo de los post anteriores, un relato antiguo.

Términos y condiciones.

El médico de turno ni siquiera pestañeo ante la imagen antes sus ojos: un pene con unas pequeñas cortadas cerca del glande sin terminar de cicatrizar, enrojecidas alrededor y con ligeros toques de infección casi imperceptibles ya. Con una mano enguantada tomó ligeramente el órgano que parecía tan avergonzado como su dueño de tener que ser sometido a un análisis de este tipo. El médico observó desde distintos ángulos con una serenidad profesional educada en el hecho que no era la primera ni la ultima vez que veía un caso así, es mas, dentro de su practica existían realmente enfermedades cuyo reconocimiento visual le provocaban ya no asco sino un motivo más para darse cuenta que Dios realmente no existía, mas estas pequeñas heridas eran pecatta minuta en su diccionario.

-Herpes -dictaminó-. Herpes genital.

La cara del paciente se puso pálida y su pene todavía en manos del médico se hizo un poquito más chiquito asustado ante la palabra con H que rebotaba hasta el infinito, matando un ángel con su contaminación auditiva. Efectivamente no era un buen día para nadie, ni siquiera para un profesional como el médico de turno que no se mató 8 años en la escuela de medicina para estar unos días antes de navidad examinando genitales enfermos. ¿Donde estaba el glamour de salvar vidas, los campos de golf, el respeto de la comunidad? definitivamente no en el Seguro Social. Por otro lado el paciente tenia unas ganas de vomitar horribles y al mismo tiempo la boca del estómago cerrada de miedo. Tomando en cuenta que apenas estaba por llegar a los diecisiete años, que estaba con los pantalones abajo en un consultorio desde donde se alcanzaba a escuchar tosidos, bebes llorando y el sonido de máquinas de escribir “de las de antes”. Todo en un ajetreo matutino que volvía no solo incómoda sino daba toques contundentes de realismo a la situación, nuestro joven paciente estaba tomando muy bien la noticia.

– No se preocupe, muchacho. – dijo el doctor mientras le hacia una señal para que se subiera los pantalones y se acercara a la mesa del consultorio, mientras él tomaba su tarjeta de afiliación y procedía a escribir una receta – No es una infección fuerte y desaparece con unas pocas inyecciones de antibiótico que se va a surtir en la farmacia de aquí en la clínica. Sin embargo tendré hacerle un par de preguntas de rutina ¿cuando fue la ultima vez que tuvo relaciones sexuales?

El paciente seguía en shock con el diagnostico: Herpes. Una palabra sucia que sonaba como algo que agarraban los vagabundos y las prostitutas… en algún rincón de su cerebro un foco rojo adecuadamente se encendía preguntando con malicia en qué estatus se encontraba: de entre los humanos-perro sin esperanzas, que se masturbaban en las coladeras, o, acaso era capaz de lamerle el cuerpo a otro ser humano por una cantidad ya estipulada esperando que no lo golpearan demasiado. ¿Cual de las dos?

-¿Me oyó? ¿cuando fue la ultima vez que tuvo relaciones sexuales?

– Hace dos semanas. – respondió el paciente de manera mecánica. Sentía la boca seca.

– ¿Utiliza regularmente condón?

-Si.

– ¿Lo utilizó durante las últimos encuentros realizados?

– Si…no…bueno, casi siempre.

La cabeza del joven paciente daba vueltas y le costaba enfocarse. Observo que el médico llenaba un cuestionario con sus respuestas ¿Lo acababa de sacar o ya lo tenia?

– ¿Si o no? – El tono de voz del médico seguía siendo amable, pero un poco menos.

– No… fue mi cumpleaños y pues fue mi regalo…- Se dio cuenta que eso era demasiada información ¿o muy poca? ¿para que la quería?

El médico seguía escribiendo mientras en su cerebro se encendía a su vez su propia luz roja ya sucia y antigua ¿conque ahora así son los regalos de cumpleaños? ¿A él cuando le dieron algo así? Se paso la preparatoria y la universidad estudiando, pensando en ayudar a la gente, casi sin tiempo de divertirse o salir con chicas ¿y en donde estaba? de médico familiar, con poca vida social, viendo penes infectos en una mañana pocos días antes de navidad. Definitivamente esta no era la vida que soñaba.

– ¿Cuantas parejas sexuales a tenido durante los últimos 6 meses?

– Solo una, -era importante que el médico lo supiera – mi novia. Llevamos 2 años de novios y es con la única persona con la que he estado.

El paciente esperaba que el médico asistiera con la cabeza, que de alguna manera aprobara lo que acababa de decirle. En su lugar alcanzó a notar que aún con la mirada en el cuestionario, la mirada del médico había cambiado, como un pequeño gesto, un guiño que no estaba dirigido a él. En el fondo sabia lo que significaba: sabia que le había mentido, claro que si, había mentido y el médico lo sabía. Lo había tratado de mantener en secreto porque quería a su novia, pero la realidad es que antes, hacia un año, antes de tener relaciones “formales”, una prima le había realizado sexo oral y le había encantado, pero, Dios, se sintió tan sucio y culpable después que no la había querido volver a ver. Apenas llevaba unos meses desde que”formalmente” había perdido su virginidad al mismo tiempo que con su novia y ahora tenia Herpes y el doctor sabia, claro que sabia, que la razón era porque se había metido con su prima porque era un cerdo y no había tenido el valor para enfrentarlo y porque…

– ¿Solo una pareja? Muy bien. Le voy a pedir por favor que pase a planificación familiar antes de pasar a la farmacia y pida que le entreguen algunos condones, igual le recomiendo que entre a una de las platicas sobre salud reproductiva. – Dejo a un lado el cuestionario y le entrego la receta – No se preocupe, todo es privado aquí, las inyecciones se las pueden poner aquí mismo las enfermeras y vera que en pocos días se sentirá mejor. Mientras tanto le voy a pedir que se abstenga de tener relaciones por un lapso de un mes. Venga a revisión en dos semanas para hacer el seguimiento. Váyase tranquilo que aquí no pasa nada.

El médico le estrecho la mano al joven que la tomo confundido, pero aliviado. Todo estaba bien, se iba a curar, no pasaba nada, su secreto estaba a salvo, la voz del médico lo tranquilizaba, realmente lo hacia, como si supiera todas las respuestas antes de preguntarlas. Había aprendido su lección, vaya que si. Ya no sentía tanta vergüenza y pasar un mes sin relaciones no seria difícil, después de todo solo lo habían hecho unas pocas veces, podían pasar el tiempo de otra manera, todo estaba bien.

Estrecho fuertemente la mano del médico y le agradeció de corazón la ayuda. Se dirigió a la puerta del consultorio, escuchando el ruido humano afuera del consultorio, la vuelta al mundo real.

– Joven, antes que se vaya…

Volteó lentamente. Claro, no podía sera tan fácil.

– Ya casi es usted mayor de edad, por lo que tiene ya que hacerse cargo de sus responsabilidades…

Lo sabia, maldita sea, lo sabia.

– Y bueno…el caso aquí es que es muy alto el riesgo de que su novia tenga la misma enfermedad que usted. Aunque sé que es algo difícil, lo es lo mejor para los dos es que lo platiquen ¿no le parece?

Ya casi estaba fuera. ¿Porque no se podía quedar la cosa así? Seguro terminarían si le dijera del herpes. Ella le daría que era un cerdo sucio, que no la merecía. No, no estaba bien para nadie ¿que no había otra solución?

– ¿No hay posibilidad de que no la haya contagiado?

El médico no lo podía evitar, la sonrisa se desesperaba por salir, pero ante todo, profesionalidad.

– Joven, lamento no haberme dado a entender. Como solo ha tenido relaciones con su novia y dado el tipo de lesión, podemos asumir que ella lo contagió a usted por vía sexual – mentalmente contó hasta tres antes de rematar-. Aquí lo importante es que su novia le informe a quien la haya contagiado que también está enfermo ¿no le parece?

Que diablos, porque no darse un gusto en esta temporada. La sonrisa del doctor floreció de oreja a oreja alimentada con mala sangre. Afuera, la secretaria del consultorio ya estaba llamando al siguiente paciente. El único esfuerzo que hizo el médico por disimular un poco fue desearle Feliz Navidad.

cute-puppy-2

“iiiiuuuu”.

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