Día 230.

Retazo con hueso.
Como todo el que se dedique a crear cosas, ya sea figuras de plastilina o centrales termonucleares, tengo desbalagado un buen número de partes que sobraron, se quitaron o simplemente ideas abortadas. Revisando entre mis archivos encuentro unas cuantas; tomo una que al parecer escribí a partir de un sueño. Como ejercicio de calentamiento para el día de hoy y dado que acabo de ver una más de las miles de versiones de Frankenstein, les daré antivida a uno que acabo de encontrar.

Originalmente va así, con una pasada de Igor, el autocorrector:

Prólogo soñado:

Están plantando una flor larga y dura en la tierra, parece un patio de tierra amarillenta. Son los años veinte. La mamá trae un vestido hasta los tobillos en colores azules oscuros y blancos, es una mujer dura y seca, la niña remueve la tierra con una pala pequeña mientras su madre pone la flor. La niña es rubia quizá unos 6 años, siete por muchos. La mamá le dice que hay que cuidar de él, la niña le dice que le enseñara a comportarse y ser un hombre. La mamá le dice que eso no le preocupa, que en otra época la hubiera llevado a estudiar a la ciudad de México o algún otro lugar de América, pero les tocaba quedarse en España por un tiempo. Terminan y le dice la mamá a la niña que vuelva al rato, va a prepararles la comida. La niña se va, se puede ver que la madre saca una pequeña bolsa de vagabundo. La niña regresa y no la dejan entrar porque es un cementerio, ella jura que su casa está ahí, entran y esta la flor, la bolsa de vagabundo, pero la entrada de la casa es un mausoleo grande, su mamá la abandonó a su suerte, debajo de la flor está el cadáver de su hermano, un niño pequeño de unos tres años. Fin del prólogo. La niña crece como una mujer bella y algo cruel, viste similar a su madre pero con mayor lujo y a la moda del momento.

Qué bueno que soy psicólogo para encontrarle el significado al sueño. Lástima que no pueda consultarme, porque cobro carísimo.

Victor Frankenstein robaba las partes a reanimar, ese paso ya está listo, hay una narrativa en este saco. Creo que lo que sigue sería cortar las partes útiles para el experimento. Quitaré el título, así como la parte donde se ha convertido en una mujer bella y cruel. También removeré las referencias a España, México y a los años veinte, creo. Darle demasiados apéndices a un monstruo es mala idea, sobre todo cuando es uno reanimado. Le damos unas puntadas para las partes fuera de lugar:

Están plantando una flor larga y dura en la tierra, parece un patio de tierra amarillenta. La mamá trae un vestido hasta los tobillos en colores azules oscuros y blancos, es una mujer dura y seca, la niña remueve la tierra con una pala pequeña mientras su madre coloca la flor debajo de ella está el cadáver de su hermano, un niño pequeño de unos tres años. La niña es rubia quizá unos 6 años, siete por muchos. La mamá le dice que hay que cuidar de él, la niña le dice que le enseñara a comportarse y ser un hombre. Terminan y le dice la mamá a la niña que vuelva al rato, va a prepararles la comida. La niña se va, se puede ver que la madre saca una pequeña bolsa de vagabundo. La niña regresa y no la dejan entrar porque es un cementerio, ella jura que su casa está ahí, entran y esta la flor, la bolsa de vagabundo, pero la entrada de la casa es un mausoleo grande, su mamá la abandonó a su suerte.

Muy bien, ya sin tanta grasa se vislumbra una historia. Hora de decidir qué hacer con ella. ¿Cuento corto? Puede ser, aunque corro el riesgo de generar un cliché o repetirme. ¿Guión? Honestamente estoy harto de escribirlos, necesito un descanso. ¿Deconstrucción? Ya de por sí viene desmenuzado, cortarlo más no va a resucitarlo, aunque, si a descubrir los tendones que le den vida:

Madre seca, niña rubia, infante muerto, flor, cementerio, abandono…

Tomaré entonces la ruta victoriana: Poesía. Admito que soy malo en ello, he escrito pocos. El Doctor Frankenstein contaba con libros de anatomía para realizar las conexiones. Yo cuento con la real academia española, que cuenta con formato. Quizá endecasílabos… listo un soneto.

Un médico eléctrico ha ser dios juega,

Cavando tumbas material colecta.

¿Qué es lo detiene su conducta abyecta?

Amor plantado de una niña ciega.

 

Tierra amarilla cubre al no olvidado,

Con memento mori, una flor fragante.

Solitaria guarda al hermano infante,

Que no puede olerla estando enterrado.

 

Gime que su casa es el camposanto.

Verja cerrada, marcas en los yesos,

 fantasmas hambrientos, silencio y espanto.

 

Del profanador, los deseos confesos.

Al leer la fecha viene el desencanto,

” Nada aquí sirve; solo quedan huesos”.

 

Suficiente.

frankie

“¡Que entiendas que ya cerramos!”.

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