Día 244.

Listo, oficialmente regresando al periodización de este blog después de un verano complejo por decir lo menos. Igualmente hay mucho trabajo para los meses que siguen, que por cierto, son los últimos que quedan por vivir. ¿Que tal les ha ido? ¿Se han dejado arrastras por los lugares mas recónditos de sus oscuros deseos? Si no lo han hecho, no importa, les quedan 4 meses para sumergirse de lleno en la decadencia apocalíptica.

Ahora que regreso de vacaciones, me encuentro justo en el punto en donde toda alma debe abandonar la esperanza: la tramitología burocrática. Se perfectamente que la burocracia existe para darle de comer a millones de familias en la que el objetivo es crear un juego imposible de ganar cuyo final no existe, pues el chiste es mantener el mayor tiempo posible el juego en movimiento, sin importar lo engorroso, aburrido, depresivo y consumidor de vida.

El sabor está en la copia por triplicado.

Hace tiempo que se maneja la creación de una identificación biometrica, en la que se encuentre registrado el ADN, iris, datos generales de la persona y a la que el gobierno puede irle agregando los datos que vaya ocupando el ciudadano, como licencia de manejo, pasaporte, credencial de elector. Igualmente dicho documento se ha contemplado que incluya historial medico, criminal, de estudios, financiero y otros datos sensibles que le darían un carácter orwelliano al asunto, en donde la privacidad se terminaría al poder ser todos nuestros movimientos rastreados, medidos y sopesados sin posibilidad de un reinicio.

Pero cuando me piden que lleve un acta de nacimiento “actual” a alguna oficina, apoyo por completo la creación de dicha identificación biometrica. Al diablo con el papeleo, si quieren saber mis sucios secretos con tres tequilas con cerveza canto cuantos hijos tengo.

Me la he pasado toda la mañana recolectando papeleo a un promedio de cuatro horas por documento, pues las filas en todos lados son enormes. Tengo en mi poder un certificado que me declara física y mentalmente sano después de responderle unos 15 preguntas a un pasante de medicina; otro papel donde dice claramente quienes son mis padres y mi cumpleaños, supongo por si se me olvida; otro donde viene mi dirección, igualmente me imagino pensado para en caso que me pierda decirle a un adulto que si me puede llevar ahí; fotos tamaño infantil que no me agracian nadita, y, una copia de mi credencial de elector donde vienen casi todos esos datos desde un principio… todo para demostrar que soy quien digo que soy.

Ah, me falta recolectar un documento en el que se le asegura a la sociedad que no he matado a nadie… o mejor dicho no he caído en la cárcel aunque lo haya hecho.

¿Le sirve a alguien estos documentos? Claro, serán registrados, catalogados, archivados y posteriormente se perderán en un océano de mas papelería ineficaz hasta el día en que se conviertan en archivo muerto, donde se pondrán en un almacén silencioso poniendose amarillentos durante un par de décadas, húmedos o se apolillen, para un buen día, ser destruidos como un ejemplo de “simplificación administrativa”. El papel es el anti-lubricante de los oficinistas.

Pero mientras tanto, me toca seguir escuchando “joven, las  fotografías deben ser color y sin retoque”.

“Haga favor de formarse en la fila por favor”

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