Día 250.

Jornada 4.

Hoy decidí darme un gusto, en forma de entrar a un cenote submarino al cual entré por una caverna subterránea habitada por murciélagos, golondrinas y un camarón albino. Al parecer hay murciélagos con la misma falta de pigmentos, pero no estaba recibiendo visitas.
Cuando salgo de viaje no soy muy dado a consumir o realizar los recorridos habituales, no tanto por una cuestión filosófica, sino porque sale caro, es predecible u ofrece comodidades que no necesito. De todos modos aparto siempre una pequeña cantidad de dinero para emergencias o por si encuentro algo inesperado que definitivamente me arrepentiría de dejar pasar. Hoy, no podía dejar pasar la posibilidad de tener una muerte horrible.

Claro, con un guía.

Me recomendaron un cenote llamado Dos Ojos, el cual son dos cenotes conectados subterraneamente por una serie de cavernas que se pueden recorrer con snorkel siempre y cuando se mantenga la cabeza dentro del agua, pues hay estalactitas en varios puntos del recorrido que, si uno sale a la superficie te pueden descalabrar. Como soy un genio, solo recibí un golpe leve. Siempre que veo en la tele algún documental de exploradores, con lugares exóticos llenos de maravillas naturales, me parecen lejanos, como en universos paralelos, siendo que muchos se encuentran cercanos y que la única excusa para no visitarlos es el desperdiciar el tiempo y el dinero en acumular tonterías.

Mi guía fue un maya llamado Juan, gordito, lampiño y alcohólico (esto último lo descubrí ya que veníamos de regreso). Quien me cobró 400 pesos por la entrada, la renta del equipo y el recorrido de poco mas de una hora, lo cual me parece fue un dinero muy bien invertido. Aprendí que la existencia puede ser tan diferente que se vuelve ridículo.

Armado con un snorkel, un visor, una lampara y un speedo (se me ve muy bien, chicas), me sumergí en agua cristalina, casi irreal, observando las formaciones rocosas, sintiendo pequeños peces quitándome unos pocos pedazos de piel muerta, importándome el ritmo de mi respiración, mientras nadaba en un ambiente transparente hasta llegar a una caverna oculta sin entrada terrestre, solo una pequeña linea de luz solar muchos metros sobre mi cabeza.

En momentos así es cuando vale la pena dejarse llevar por la corriente.

Durante el recorrido pude ver unos cuantos buzos que recorrían un sendero a unos 10 metros debajo de nosotros. A pesar que es una atracción turística, recordé que es uno de los deportes mas peligrosos que existen. A la salida del cenote, encontré un tipo que hace excursiones de buceo, quien me vendía un curso en 100 dolares, tan solo para que lo intentara y decidiera si me enamoraba para venderme un curso de certificación de tres días por 400 dolares. Su técnica de venta fue “Así empiezan todos. Algunos descubren que es lo que quieren hacer por el resto de su vida”.

Supongo que es cierto.

También supongo que su negocio es justo engatusar en algo así. Me dio una tarjeta con un pequeño mapa, donde pude ver que las cavernas se extienden bastante, algunos son túneles poco explorados que requieren una mezcla de mucha experiencia y la plena consciencia que puede ser el último recorrido que se realiza.

La muerte acuática es la pesadilla de alguien mas, pero puedo entender lo horroroso que resultaría morir dos veces: luchando en la oscuridad ante la inminente falta de oxigeno, encerrado en una caverna donde lo peor es desesperarse, pues un movimiento mal hecho provoca que el cuerpo o el equipo se golpeen contra las rocas, la arena se levante deteniendo la noción de orientación. El sentir como se te queman los pulmones cuando la sangre se llena de dióxido de carbono, sobreviene el pánico absoluto, pronto las esperanzas son nulas y el final llegará en una mezcla de absoluto terror y miedo.

No sé si es algo en que me interese quemar las naves, pero quien sabe, siempre hay dos caminos.
Por la tarde fui a la playa de Akumal a snorkelear con tortuguitas. Perseguí una por un par de minutos, pero son rápidas.

Ah, la muy maldita me dejo en mar abierto lejos de la playa. Diversión para toda la familia sin chaleco salvavidas.

 

“Come catch me if you can”.

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