Día 255.

Continuo en Mérida.

Durante la noche me ha comenzado una comezón ligera en los ojos. Intento ignorarla. Se extiende hacia un brazo, después a una pierna. Me cuesta ignorarla pero no me levanto, esperando que pase. Comienzo a sentir problemas para respirar. Me levanto rápido, me meto en la regadera, esperando que el agua arrase lo mas que se pueda de los pelos de gato que se han pegado a mi piel. A pesar que hace calor, mi estúpida manía de dormir cubierto me ha llevado hasta este punto. Si no me hubiera puesto la sabana encima no hubiera pasado nada.

Después de veinte minutos bajo el agua ya me siento un poco mejor, lo bueno es que hay dos camas, me acuesto en la segunda y me sumerjo en un sueño negro y denso, plagado de incomodidad en la piel.

Al despertar, salgo al patio, donde me encuentro a un gato blanco muy mono. No tengo nada contra el, lo saludo. Sale corriendo horrorizado. Su dueña me da unos fríos buenos días, la noche anterior me había platicado que se dedicaba a rescatar gatos abandonados y uno de ellos fue maltratado a tal grado que se asusta con la sola presencia de las personas. Supuso que eso debió haberme bastado para ser sensible al asunto, pero no he mostrado nadita de eso.

Me siento basura.

Tomamos café, mientras me recomienda algunos lugares para visitar. Hasta el momento Mérida no me ha parece un lugar interesante, pero de todos modos acepto sus sugerencias, me retiro procurando hacer el menos ruido posible, como niño regañado. Mi primer parada es en el Museo de antropología Cantón.

Chulada de lugar.

Todo lo que no había encontrado en los otros museos de la península está aquí  Hay una muy buena exposición (aunque algo pequeña, creo que todo lo demás se va a encontrar en el museo de Cancún que se encontraba en remodelación) de diferentes zonas mayas con explicaciones detalladas de cada utensilio, estela y decoración así la manera en que vivían, dando hincapié en la falsedad de la vida pacifica sin sacrificios humanos que se les ha atribuido. Encuentro por fin una explicación breve pero sobre todo bien sintetizada de como se calculaba el tiempo, así como ejemplos de la tan cacareada cuenta larga en este año del fin del mundo. Admito que no he entendido todo de un solo jalón pero me he dado una buena idea al respecto. Procuro no tomar demasiadas fotos, mi opinión muy personal es que el interesarse tanto en reproducir para la posteridad algo que está colocado para ser disfrutado o entendido en el momento, evita que le prestemos atención.

En el segundo piso hay una explicación del edificio, que es una casa enorme y antigua, pintada todo en un color crema pastelera, construido por el general Cantón poco antes de la revolución. Toda la construcción es de primer golpe afrancesada, pero me saca de mi error la información acerca de su construcción diciéndome que es de estilo ecléctico  osea, tomando elementos de diferentes estilos arquitectónicos y mezclándonos de una manera caprichosa, como por ejemplo, hay gárgolas de estilo medieval empotradas en una fachada dórica.

Al parecer Mérida sigue retando a mi ignorancia. Eso me agrada.

Continúa en el siguiente post.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

 

“Esa como que me suena…”.

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