Día 258.

Jornada 9.

En Palenque, Chiapas.

Agradezco infinitamente a la tecnología que nos ha dado los tapones para los oídos y los cojines para el cuello que convirtieron un viaje nocturno de 8 horas en casi nada. Espero resulte igual en el último tramo largo.

El cuerpo me está comenzando a pasar factura con los días de extensa caminata, así que decidí refugiarme del calor y la lluvia en un café bastante agradable donde me estoy refinando un  café con Kalhua diseñado para provocar paros cardíacos  fuerte de sabor e imposiblemente alcohólico. Definitivamente la mezcla local es muy superior a la que se lleva al interior de la república. El pueblo de Palenque es pequeño aunque por su carácter turístico cuenta con servicios como dos tiendas grandes de autoservicio  un par de hoteles de lujo y bastante movimiento turístico a pesar de ser miércoles  Claro, como lo hago desde siempre, me adentré en un mercado a comer donde lo hacen los lugareños lo que fue decepcionante pues lo que abunda son las pollerías. Elegí una al carbón, pedí medio pollo que venden a 40 pesos con salsa, frijoles, arroz y repollo y puedo objetivamente afirmar que estaba rebueno el cabrón. No se como lo sazonen pero rifa gallisimo. No recuerdo la última vez que haya comido tanto.

¿Porque tanta hambre?

Bueno, vi que varias agencias locales ofrecen tours a Ocosingo, las cascadas de agua azul y otro lugar, con una duración de 10 horas, pero, no incluyen las ruinas de Palenque. Después de haber elegido visitar estas últimas es obvio porqué: entre recorrerlo y visitar el museo del sitio fueron 5 horas de caminar sin parar. Llegué temprano para visitarlo con el plan de quizá ir a Bonampak o a unas cascadas, pero de lo único que tengo ganas es de darme una ducha y dormir hasta mañana. El sitio en si no es el mas grande que he visitado (aunque no puedo asegurar que no lo sea), tan solo es el que mayor esfuerzo físico reclama. Casi todas las estructuras son accesibles para escalar, son muchas zonas y están separadas entre ellas por escalones de piedra en un área de dos kilómetros cuadrados en medio de la selva….dicha selva a su vez localizada entre montañas… con señalizaciones confusas. Dentro, no venden líquidos, así que si no se estas preparado antes de entrar, resta decir que ya te chingaste. Si se te ocurre llevar cualquier otra cosa que tenis o sandalias protegidas como las mías, el destino va a ser cruel pues sentarse en cualquier lugar o quedarse parado mucho tiempo significa ser atacado por diversas especies de hormigas, mosquitos, avistas y moscas. El lugar es parte de una reserva natural, así que se puede uno adentrar como cualquier cosa en la selva lacandona si no se presta atención. En una de las secciones menos visitadas huele a almizcle, lo que significa que un ocelote o un jaguar está delimitando su terreno de caza… o que los europeos que se encontraban por ahí visitando las ruinas deberían de bañarse mas seguido.

Nunca he entendido esa manía de los backpackers de no bañarse por días a pesar de tener la opción de hacerlo. Creo que es algo que tiene que ver con el status de ser viajero rudo en medio de un mundo hostil, donde su alimentación es a base de sopas Maruchan y galletas, luchan día a día por encontrar hotspots gratuitos para subir su estado a facebook, gastan todo su dinero en bares hippies con otros viajeros y enseñan a los locales las virtudes del primer mundo… cuidando el agua.

Continua en el siguiente post.

palenque

“Moda japonesa para andar en la selva: chaleco de piel y calcetas de futbolista”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s