Día 263.

El mar es feo, verdad sea dicha, es como una ciénega enorme, oscura y sucia, serpenteada por una especie de diques transportados en costales enormes llenos de algún material que se endurece con el contacto continuo con el agua hasta volverse piedra. Una linea de seguridad supongo, contra la marea, pero ha diferencia de las playas que he pasado los sonidos son de insectos, no de aves. Huele a pescado que a muerto en las orillas y los cangrejos devoran desde dentro, dejando huevecillos en el lo que queda del cadáver.

Ni siquiera sé si funciona así el ecosistema.

Solo se que la arena es negra y que el horizonte no llega a ningún lado.

Así es la Villa de Sanchez Magallanes.

Camino por la linea de seguridad que llega un poco mar adentro, esperando encontrar algo que justifique el haber llegado aquí pero no, el aire se siente rancio, nada de ganas de meterme al mar, basura por todos lados. Creo que me vuelvo intolerante después de visitar tantas maravillas, pero Tabasco no es un lugar que me agrade. Admito que tengo un defecto (uno); cuando tengo hambre escribo de manera grosera. Creo que no soy políticamente correcto para escribir en una revista de viajes o algo así.

Mejor continuo este post después de comer. Eso si encuentro algún lugar, porque lo único que encuentro son cantinas y depósitos de cerveza de esos donde sacan navaja.

…..

……..

Me acabo de comer una tortilla frita rellena de mariscos (jaiva camarón, pulpo, caracol) que era una plegaria deliciosa. Tuve que pasar un puente al otro lado del pueblo, caminar dos kilómetros bajo el sol cargando mi mochila de viaje para encontrar el restaurant «Bahia Acapulquito» que aún con toda mi muina resulto una maravilla de sabores. Pediría mas, pero he de viajar toda la noche y no quiero accidentes en el autobus (si, cuando como mucho, los camiones tienen un 33% mas de probabilidades de ser atacados por hombres lobo). El servicio es bueno y directo, pero lo que mas adoro es que la cerveza solo cuesta 15 pesos.

Una niña se acerca para preguntarme si vendo películas, supongo por la mochilota. Se va un poco decepcionada.

Tengo la fortuna de ver el atarceder hacia el mar, tener la barriga llena y sentir el murmullo de la existencia al otro lado lado del país, en una realidad alterna que todo lo que pide es dejarse llevar. Que mas puedo pedir.

Ah si, una plaza publica donde poner a secar mi ropa, antes de que caiga la noche, escuchando unos clones de los temerarios sin que a nadie le importe. Tengo mucha ropa húmeda acumulada del viaje, así que aprovecho el tiempo mientras sale mi taxi de regreso a La Venta con rumbo al DF hoy. Será la segunda noche que viaje en autobús toda la noche, son las 7 y sale a las 11, veré con que me entretengo de aquí a que salga, son solo unas horas, pocas como para alquilar una habitación y dormir, demasiadas como para estar esperando todo el tiempo en la estación de autobuses.

Quizá tenga suerte y vea a Pulpo Musical.

Uno puede soñar.

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“Innsmouth: donde las mascotas vienen a morir”.

 

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