Día 270.

¿Listos para la tercera y última parte?

¡Si Capitán estamos listos!

¡Uhhh!

La noche del 15 de septiembre del 2008, fui por tacos.

Creo que iba a ir a una fiesta, so, tacos son la opción correcta para preparar el estomago para la ingesta de brebaje. Llegando a un puesto cercano a casa,  encontré a varios conocidos, todos cabizbajos, en silencio como esperando algo. Sagaz como siempre, dije algo como “que calladitos, quien se murió”, dicho comentario fue recibida con un par de miradas furiosas y alguien apuntando hacia el televisor del local. Acababan de aventar una granada durante la celebración del grito de independencia en la plaza principal de Morelia. La pantalla mostraba grandes manchas de sangre mezclada con basura en la cantera y lo que bien podrían ser extremidades cercenadas. Se reportaban más granadazos en distintos puntos de la ciudad, centros nocturnos, calles céntricas, las salidas de la ciudad;  posibles enfrentamientos armados en otros municipios, se pedía a la población que no saliera de sus casas y aguardara instrucciones. El camino de regreso me la pasé marcando por el celular y el resto de la noche recibí llamadas asustadas de amigos que estuvieron cerca de las detonaciones.

Durante los días siguientes, la información deformada se fue estilizando a modo: se confirmaron solo dos explosiones de granadas; el numero de víctimas hasta la fecha es inconsistente con entre 8 a 12 muertos quizá una centena de heridos; se hicieron promesas que nunca se cumplieron, como ayuda vitalicia a los afectados, asunto que se habló con la sangre caliente pero se llevo a cabo con burocracia reptilesca; se le adjudicó el atentado al narco, a extremistas revolucionarios, a gente del mismo gobierno, se atraparon y liberaron sospechosos y en general se buscó tapar el pozo con el niño todavía gritando en el fondo.

Viva México.

Como resultado, hasta la fecha cada 15 de septiembre  se cierra el centro histórico al tráfico automovilístico, se ponen detectores de metal en puntos de acceso peatonal para “garantizar la seguridad” (hace un de años fui con mi familia durante la tarde, me esculcó un policia y me pregunto que si no cargaba navaja. Le pregunté que si tenia cara de delincuente, pero no me respondió), se vigila con cientos de militares y policias, y se hace la atenta invitación a “festejar sin miedo”.

De todos modos se necesita acarrear gente a que asista.

En los post pasados acerca del terrorismo les comenté de mi fantasía inmediatamente desechada de tener una pistola para defenderme enemigos fantasma. Bueno, la gente de mi rancho es más pragmática y simplemente consiguió armas de fuego de todos calibres, luego averiguaba contra quien. La tasa de violencia ya había ido creciendo paulatinamente desde antes del atentado, pero a partir de ese momento cayó la realidad de que Morelia es la capital de un estado con diferentes facciones de mafias, un lavadero de dinero siempre en la negación de “esas cosas no pasan aquí” donde vivía la familia del presidente en turno. La escalada armamentística pronto llenó la nota roja de ajustes de cuentas, accidentes y balaceras, mientras en las calles los asaltos a mano armada y los asesinatos al azar se volvieron comunes.

So ¿la palabra terrorismo debería usarse en este caso? El gobierno buscó por todos los medios evitar utilizarla, los medios de comunicación también y que diablos, no tiene mucho sentido en la ideosincrasia local, pero, el efecto fue tal. El terrorismo no busca muerte: lo que busca es crear paranoia e inseguridad, ver en los demas un enemigo al que hay que destruir como precaución y justificar nuestra barbarie. Dejémoslo en las bonitas palabras de Robespierre, ideario de la revolución francesa, instaurador del reino del terror y victima de él.

El Terror no es otra cosa que la justicia pronta, severa, inflexible; es pues una emanación de la virtud; es mucho menos un principio particular que una consecuencia del principio general de la democracia, aplicado a las más acuciantes necesidades de la patria.

A final de cuentas no se sabe con certeza quien fue responsable, se le adjudicó a las fuerzas invisibles de esas que gobiernan todo o rompen todo, de todos modos la población perdió la poca confianza que tenía en sus instituciones y estas aprovecharon para lanzar ofensivas militares indefinidas por el territorio estatal con pésimos resultados.

Nada llena tanto de orgullo como el sacrificio ajeno en defensa de la patria.

¡Felices fiestas!

morelia-acueducto

“Sangre en la tierra, fuego en el cielo”.

 

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