Día 300.

Día 300.

Y cuando desperté, el mundo había girado.

So, llegamos a la última centena. Efectivamente el mundo comienza a mostrar señales de alerta que estuvieron siempre ahí y justo hoy, decide sacudirse un poco, supongo por poner en alerta que el tiempo casí se acaba, estirandose un poco, comentando como si cualquier cosa que es hora de tomar decisiones fuertes o dejar que se alguien mas la tome por uno. He dormido muy poco, tengo un mal sabor de boca y no estoy seguro de si estoy hambriento o si solo es producto de la fatiga la manera tan… deslumbrante que puedo ver las cosas.

Es tanta la claridad, que me asusta y me resisto a mirarla a los ojos. Sin embargo siento su aliento,  calmado, agazapado un momento antes de lanzárseme encima. Que eso es seguro que va a ocurrir.

He despertado varias veces durante la noche anterior sin una razón en especifico. ¿Acaso me han llegado mensajes del éter para advertirme que no es tiempo de descansar? Es posible. Una parte importante de las mitologías concernientes a el fin de los todo tiene que ver con ser contactado, aunque rara vez hay una razón valida para ello a simple vista.

En este momento me encuentro en un diplomado rodeado de cerca 50 mujeres en la que un buen porcentaje detesta la idea de que existan seres con un pene y que tienen la capacidad de cargar un garrafón de agua. El ambiente hostil es de una extraña naturaleza sedante, hasta cómodo a momentos pues arrulla los demonios que pretenden echárseme encima con frases como “Los hombres no entienden la belleza de la vagina”  o “el problema es que hay demasiados hombres en todos lados”. Así sin mas. No explican demasiados para qué.

Ha, soy el único hombre en el diplomado….

Pasaré 4 horas a las semana durante los siguientes dos meses (obvio, los que quedan) asistiendo a estos bonitos encuentros, aunque no tengo muy claro el porqué, solo sigo instrucciones aunque son muy confusas. Bueno, al menos, gracias a eso, puedo darme el tiempo para catalogar por nivel de dificultad los retos que tendré que enfrentar durante este, el final de mis tiempos. Algunos de repente se han vuelto banales, pues me doy cuenta que no son cosas que puedo realizar fácilmente  solo que decidí ver enormes a las hormigas; otras, son sencillas pero dolorosas, no queda mas que apechugar, respirar profundo y esperar que salgan los mejor posible.

Claro, procurando mover las probabilidades a mi favor y/o conveniencia.

Los que siguen, son las cosas que se quedaron atrás. He terminado muchas cosas últimamente, algunas sin darme cuenta. Otras, he eludido por x, y y z, que son las mas complicadas… quizá ya no sea tan joven para eludir mis miedos mas profundos, quizá todavía pueda seguirlas sacando la vuelta. Lo importante es elegir las mejores condiciones para salir airoso… y apresurarse.

No hace mucho que estoy intentando una enseñanza que dice que hay que hacer cada día una cosa a lo que tenga miedo. Supuse que sería difícil, digo, no todos los días me encuentro a un payaso en calle, pero todo lo contrario… siempre salen pequeñas cosas, como ratas peludas intentando meterse en la garganta, y a veces, solo hay una sola manera de detenerlas.

Mordiendo.

“Leónidas tenía solo un futuro”.

 

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