Día 339.

Hoy es mi cumpleaños. Ya llevo varios. Alguna vez leí que los animales no envejecen, sino que se mantienen activos hasta que llegan al final de su vida. Me parece una verdad a medias, a menos que se refieran a los animales salvajes. Creo que retirarse en la selva o la sabana no es una opción viable. Me gusta mucho el personaje de Akela de el Libro de las tierras vírgenes. Es el lobo jefe de la manada que acepta a Mowgli, a pesar de las protestas del grupo pero siempre dentro de la justicia de este. Al llegar a la edad que ya no puede gobernar se dedica a cazar por su cuenta, y cuando sabe que su hora a llegado, pelea a muerte con su manada de lobos y Mogwli, quien ya es un adulto, en la guerra contra la jauría de perros salvajes “Dholes” que arrasa todo a su paso.

Por mi parte, la relación con el tiempo es complicada, siempre lo ha sido. Mi edad es engañosa, tanto para otros como para mí mismo. Nunca estoy seguro que es lo que se supone que debería de estar haciendo a tal o cual edad; lo que si he aprendido es que cuando escucho a los demás y me fuerzo a seguir el modo de vida preestablecido, el de paquete que todos conocemos, termino haciendo una pésima labor que me deja con un vacío que no comprendo, ocurriendo que al final nadie queda a gusto. En cambio, cuando le hago caso a mi corazón y mis instintos, las cosas son difíciles, extrañas pero llenas de experiencias satisfactorias. Me pasa seguido que cuando hago las cosas a mi modo, encuentro mi lugar en la manada de manera natural. Si de algo me precio en esta vida es de tener excelentes amistades, aunque no siempre sepa serlo para ellas, o que nos distanciemos. Si tengo que hacer una reflexión de cumpleaños, es que una de las cosas que más me duelen es perder un amigo.

Si hago de mi vida un símil a la de Akela, le salgo debiendo. Me gusta dirigir, se me ha dado la oportunidad de hacerlo, hay quienes opinan que soy bueno para ello, aún así, procuro huir de ese papel, que es una forma delicada de decir que me aterra que las cosas salgan mal por mi culpa. Tampoco me gusta que la gente dependa de mi y mis decisiones, aunque no niego, se siente muy bien cuando un proyecto que de manera necia armo solo, a otros les interese participar y crean en él tanto o más que yo. He aprendido que cazar en solitario es como pintar una pared con una brocha para miniaturas, no está en mis planes de vida seguir esa ruta de nuevo. ¿Que más? Admiro el sentido del honor de Akela, detesto a las personas que no lo tienen, así que he procurado trabajar mucho por tener uno, creo que he mejorado en ello, aunque sea un poco. Definitivamente no estoy en edad de una muerte gloriosa, no estoy seguro que una cosa así exista en la vida real, creo firmemente en una vida haciendo lo que quieras y que el mundo gire hasta que deje de hacerlo.

Me pregunto si hace cinco años hubiera escrito algo así en mi cumpleaños. Seguro que sí, aunque más dramático, todo emo. Hoy en la noche tengo fiesta, como cada año. Todo mundo está invitado, tengo como regla que mi festejo sea como fiesta de pueblo en el que no me importa si entre los invitados hay fricciones o no se conocen, todos son bienvenidos en la mesa del señor.

Solo no me digan señor.

akela

“Siempre hay espacio para ser todos en una misma alma”.

 

 

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Día 317.

La muerte me ha cambiado. Creo que la primer experiencia que tuve al respecto fue una mascota a la que tuvimos que sacrificar cuando tendría quizá seis o siete años; se llamaba Pulgón, de raza setter irlandés. Nos acabábamos de cambiar de casa, la zona estaba en construcción y había ratas en los lotes baldíos. A un vecino se le ocurrió envenenar unas tripas de pollo para deshacerse de las ratas, pero mi perro fue la victima. El veneno no tuvo la potencia para matarlo, pero si para destrozarle el sistema digestivo, por lo que estuvo varios días en agonía apenas pudiendo caminar o comer. Al final mis padres lo llevaron al veterinario, creo recordar que tenía esperanza que se recuperara, pero no fue así. También recuerdo que a mi hermana le afecto mucho, lloramos lado a lado y ella se puso a rezar una plegaria entre lagrimas pidiendo por él. No tenía la menor idea de como rezar, así que estaba arrodillado a su lado con la vista al cielo mientras ella a sus doce años inventaba una. Desde ese tiempo a la fecha, a base de práctica, me he vuelto muy bueno para decir despedir a los muertos y dar gracias por el tiempo compartido. Una habilidad que preferiría no tener y que no le deseo a nadie.

Supongo que sueno pedante al describirlo de esa manera.

Durante aquella época, a la misma edad, acompañe a mis padres a una fiesta, no recuerdo si fuera una boda, una graduación o algo similar. Solo recuerdo que fue en un salón de fiestas con mucha gente mayor sentada o bailando por lo que me aburría sin nadie con quien jugar(es lo que hacen los niños, si la memoria no me falla), así que me dediqué a recorrer el lugar. Había una escalera de piedra, oscura, de esas que cuando te acercas en las películas baja el sonido de la música y se aleja la cámara para hacerla ver mas larga de lo que es. La subí con cuidado, y al llegar al descanso, en la oscuridad me encontré con un bulto en el piso. Creo que fue la primera vez que sentí ese frío intenso que nace en la nuca, que al instante paraliza todo el cuerpo. Regresé como pude a la fiesta, cargando un secreto en mi interior que no podía entender del todo. Llegué con mi madre si poder hablar, al verme me preguntó que me pasaba. Recuerdo la boca cerrada como si estuviera pegada, como pude dije “un…un…mu..mu….muer….muerto”, sabiendo que era la cosa más terrible que le pudiera contar. Mi madre me tomó de la mano, me sonrió y me dijo que me tranquilizara y le enseñara donde estaba, que no me preocupara. Caminamos hasta las escaleras, le señale hacía arriba, ella subió y bajo riendo y pidiéndome que subiera. “Es el velador que está dormido”, se rió. Me sentí tonto y aliviado a la vez, el alma me volvió al cuerpo. Regresamos a la mesa, mi padre preguntó que había pasado, ella le contó. Siempre sonriendo. Poco a poco sentí mi temperatura corporal regresar. Creo recordar que mi madre le dio un trago grande a su bebida. Tardé mucho tiempo en entender que mi madre no reía porque le pareciera gracioso.

Creo que desde entonces tengo la afición de subir y bajar donde encuentro escaleras así. No siempre es buena idea.

Seguiré escribiendo de esto.

Staircase Fall Hurt Corpse Accident Body Dead

“Teatral”.

 

 

Día 316.

Noviembre.

Me gusta la tradición de día de muertos. Me gusta la banda Día de los Muertos. Me gusta la película de Calacán (al menos eso creo, la vi de niño y no recuerdo gran cosa). Los lectores aficionados a este blog saben mi gusto por el folclore, a pesar que admito no saber demasiado. Como es un tema común, aconsejo buscar mejores referencias que las que pueda darles, lo básico es que hoy se celebra a los niños muertos, que se les lleva flores, dulces, panes y se duerme en los panteones.

Ahora las partes que se dejan de lado.

Tengo la fortuna de vivir cerca de la zona lacustre de Patzcuaro, por lo desde adolescente me trasladaba casí cada año con amigos a visitar las ofrendas, siguiendo la excelente tradición de andar puebleado con botella en mano, buscando fiesta y en general haciendo lo mismo que en el Cervantino, fiesta de pueblo, feria de lo que sea o playa. Supongo que todos hacemos lo mismo, lo malo es que entre tanto frenesí etílico se pierden las partes culturales. Así que para remediar eso, comprábamos sombreros de paja, jarritos de barro, tamales o tacos callejeros (tengo entendido que es algo muy mexicano), y participar en el ritual de pelota de fuego purépecha.

Bueno, algo así.

La verdad es que eran tiempos brutos. Lo que en realidad se hacía era un tour de esta manera: Patzcuaro – Tzintzuntzan – Cucuchucho – Ihuatzio. Para cuando llegabamos a este punto ya la ingesta de alcohol era alta, por lo que procedíamos a meternos en las ruinas arqueológicas del lugar (cosa que ya no se permite, antes ni velador tenían, después el velador ya nos conocía y solo nos decía que nos mantuvieramos alejados de las piramides, cosa a la que accediamos) que cuenta con una explanada bastante amplia  de pasto permanentemente húmedo por el rocío de la zona. Previo, ya habiamos confeccionado pelotas a base de montones de ropa vieja amarradas con alambre del tamaño de balones de futbol y comprado un par de bolsas de gasolina.

Creo que ya van viendo para donde va esto.

Mojar pelota en gasolina, cerillo y a rifar. Antes de eso, el uniforme. Consistente en mantenerse en ropa interior y zapatos (opcionales) en el frío de las 3 de la madrugada lacustre.

¿El objetivo del juego? Patear dicha pelota por el campo, dejando largas lineas de fuego que sonaban como si estuvieran hechas de eco. Tratar de quitársela al contrincante (habitualmente jugabamos entre 6 o 10) en un duelo de todos contra todos. Cada pelota duraría unos cinco o diez minutos antes de terminar destrozada dejando un esqueleto de alambre al rojo vivo con restos de nylon u algodón carbonizados adheridos. Obvio alguien terminaba con quemaduras en pantorrillas, brazos o espalda.

¿Saben porqué es tan arraigada la tradición de noche de muertos en Pátzcuaro? Dos razones: los Purepecha consideraban el lago con un lugar sagrado en donde se encontraba la entrada al inframundo; la otra es que alderredor existen muchas comunidades indígenas que, aunque ya no manejan la misma cosmogonía, han ido manteniendo las costumbres transformadas en una entidad nueva, pero bien arraigadas.

No estoy seguro que en el centro ceremonial de Ihuatzio se manejaran los sacrificios humanos, pero si es así, espero que unas cuantas quemaduras, heridas de pasto y caidas de borracho les parecieran una ofrenda mínimamente aceptable.

pelota-de-lumbre1

“Fireball! Ice Storm! Light Hole! … lightning….”