Día 316.

Noviembre.

Me gusta la tradición de día de muertos. Me gusta la banda Día de los Muertos. Me gusta la película de Calacán (al menos eso creo, la vi de niño y no recuerdo gran cosa). Los lectores aficionados a este blog saben mi gusto por el folclore, a pesar que admito no saber demasiado. Como es un tema común, aconsejo buscar mejores referencias que las que pueda darles, lo básico es que hoy se celebra a los niños muertos, que se les lleva flores, dulces, panes y se duerme en los panteones.

Ahora las partes que se dejan de lado.

Tengo la fortuna de vivir cerca de la zona lacustre de Patzcuaro, por lo desde adolescente me trasladaba casí cada año con amigos a visitar las ofrendas, siguiendo la excelente tradición de andar puebleado con botella en mano, buscando fiesta y en general haciendo lo mismo que en el Cervantino, fiesta de pueblo, feria de lo que sea o playa. Supongo que todos hacemos lo mismo, lo malo es que entre tanto frenesí etílico se pierden las partes culturales. Así que para remediar eso, comprábamos sombreros de paja, jarritos de barro, tamales o tacos callejeros (tengo entendido que es algo muy mexicano), y participar en el ritual de pelota de fuego purépecha.

Bueno, algo así.

La verdad es que eran tiempos brutos. Lo que en realidad se hacía era un tour de esta manera: Patzcuaro – Tzintzuntzan – Cucuchucho – Ihuatzio. Para cuando llegabamos a este punto ya la ingesta de alcohol era alta, por lo que procedíamos a meternos en las ruinas arqueológicas del lugar (cosa que ya no se permite, antes ni velador tenían, después el velador ya nos conocía y solo nos decía que nos mantuvieramos alejados de las piramides, cosa a la que accediamos) que cuenta con una explanada bastante amplia  de pasto permanentemente húmedo por el rocío de la zona. Previo, ya habiamos confeccionado pelotas a base de montones de ropa vieja amarradas con alambre del tamaño de balones de futbol y comprado un par de bolsas de gasolina.

Creo que ya van viendo para donde va esto.

Mojar pelota en gasolina, cerillo y a rifar. Antes de eso, el uniforme. Consistente en mantenerse en ropa interior y zapatos (opcionales) en el frío de las 3 de la madrugada lacustre.

¿El objetivo del juego? Patear dicha pelota por el campo, dejando largas lineas de fuego que sonaban como si estuvieran hechas de eco. Tratar de quitársela al contrincante (habitualmente jugabamos entre 6 o 10) en un duelo de todos contra todos. Cada pelota duraría unos cinco o diez minutos antes de terminar destrozada dejando un esqueleto de alambre al rojo vivo con restos de nylon u algodón carbonizados adheridos. Obvio alguien terminaba con quemaduras en pantorrillas, brazos o espalda.

¿Saben porqué es tan arraigada la tradición de noche de muertos en Pátzcuaro? Dos razones: los Purepecha consideraban el lago con un lugar sagrado en donde se encontraba la entrada al inframundo; la otra es que alderredor existen muchas comunidades indígenas que, aunque ya no manejan la misma cosmogonía, han ido manteniendo las costumbres transformadas en una entidad nueva, pero bien arraigadas.

No estoy seguro que en el centro ceremonial de Ihuatzio se manejaran los sacrificios humanos, pero si es así, espero que unas cuantas quemaduras, heridas de pasto y caidas de borracho les parecieran una ofrenda mínimamente aceptable.

pelota-de-lumbre1

“Fireball! Ice Storm! Light Hole! … lightning….”

 

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