Día 315.

Hoy es la noche de brujas. Bueno, en realidad la segunda noche. La primera fue entre el 30 de abril y el 1 de mayo, que es el Walpurgis, fecha propicia para hacer pactos con el diablo. La noche de hoy no es exclusiva para las brujas, también entran monstruos, fantasmas, demonios, muertos, espíritus paganos y santos. Uno de los participantes no es como lo otros.

De mis mejores recuerdos de niño es salir a pedir dulces de puerta en puerta pidiendo Halloween, creo que la primera vez que participé tenia 6 o 7 años, acababa de cambiarme de casa y aún no tenía amigos. Recuerdo que llegó un grupo de niños a pedir a mi casa y mi madre les dijo que si podía yo acompañarlos, lo cual el aceptaron; salí disfrazado del Hombre Araña, hasta tenia unos tenis que hacían juego. El líder del grupo era una chulada de vato  que me abría paso de los demás niños más grandes para que alcanzara dulces en las casas donde pedíamos. También recuerdo que se enfrentó contra unos niños más grandes que no estaban pidiendo y lo empujaron. Lo hicieron que soltará un par de lágrimas, pero no se rajó y seguimos pidiendo casa por casa mientras oscurecía. Llegamos a un salón de fiestas donde estaban unos dones tomando, pedimos Halloween pero uno de ellos nos dijo que no daba a menos que a menos que alguno de nosotros supiera como se debía pedir en México, no sabía, pero uno de los otros niños si. “Queremos calaveritas”, fue la respuesta. El don quedo satisfecho con la respuesta y nos repartió una generosa cantidad de dinero. No recuerdo cuanto fuera pero es casi seguro que fue la primera vez que tuve tanto efectivo. Gran noche.

Ya para el siguiente año y subsecuentes, salía regularmente a pedir Halloween, ya fuera en mi colonia o en otra en donde una prima celebraba su cumpleaños con una fiesta de disfraces el mismo día. Siempre me maravillaban los disfraces de los otros niños: de brujas, de diablos y fantasmas. Mi tía nos repartía dulces, pastel y unas tortas calientes pequeñas y después nos acompañaba a pedir con los vecinos. En otros años, salía con mis amigos de la colonia, recuerdo que en una ocasión recortamos mascaras de papel que regalaban en los comics del Hombre Araña, creo que llevábamos dos mascaras del Hombre Araña y una de Hulk y la ropa era la misma que traíamos de diario. Debimos de recibir una buena dotación ese año, pues comenzamos temprano, aunque creo que la mamá de uno de nosotros se preocupó e hizo que se metiera temprano a casa. A diferencia de ahora, en aquel tiempo casí no existía el miedo a que los niños anduvieran solos en la calle y se confiaba en que nos cuidábamos unos a otros. Nunca nos pasó nada por salir a pedir dulces, creo que lo mas bizarro fue un tipo ebrio que a huevo quería convencernos que jugáramos con sus hijos Stop en la calle. En algún punto eso cambió, entró una paranoia colectiva de robachicos, que les iban a vender droga, hasta dar dulces envenenados. Ya para cuando era adolescente hubo años en que los niños dejaron de salir por completo a pedir, ni siquiera acompañados por sus padres. De repente la gente se asustó por monstruos reales a pesar de no existir. Nunca leí o ví noticias de ningún niño secuestrado por pedir Halloween. Tengo mis sospechas de quienes causaron este pánico fueron los santos que nadie invito a la fiesta.

Como sea, desde hace ya un tiempo, los niños volvieron a las calles en tropel, la mayoría acompañado por adultos, con disfraces nuevos, lo cual me alegra. Creo que es una tradición que todo niño debería vivir: el ponerse una mascara, fingir ser un ser de ultratumba y dar rienda suelta a su capacidad de pedir golosinas…. y hacer una que otra travesura. Tengo igualmente mi sospecha, que a partir de que se desató el peligro real en la ciudad en forma de violencia, la gente se dio cuenta que es ridículo esconderse de enemigos invisibles y dejo de preocuparse por ellos. O quizá tan solo sea que los niños que pedían Halloween hace un par de décadas ahora llevan a sus hijos. Como sea, existe otra buena razón por la cual pedir calaveritas: México es el único país en donde siendo niño se puede pedir el día 31 y el 1 de noviembre.

Y si se es atrevido, hasta el día 2.

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“I remember Halloween”.

 

 

 

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Día 314.

Tengo un teclado nuevo al cual acostumbrarme y una tarea importante que realizar. Además de ello, tengo cosas que decir.

Solo le tengo miedo a un payaso. Es el payaso cholo que con una regularidad alarmante me carga. Al decir regularidad, no quiero decir frecuencia, me lo imagino dedicándose a otras actividades varias durante su tiempo libre: quizá haciendo pintas, usando paliacates que cierran los ojos, trabajando en fiestas infantiles con juegos como “encájale el cuchillo al cerdo” o “saca el varo, morro”. Desvarío.

Me gusta considerarme una persona con un lado… espiritual, que a veces se inclina a la superstición. Procuro ser escéptico antes que creyente, por practicidad y porque de por sí mi imaginación utiliza grandes reservas de mi RAM cerebral, darle esteroides resulta nocivo para mi salud. Aún así procuro mantener la mente abierta a las cosas que no son tradicionalmente explicables. Una de ellas es el cicló del payaso cholo.

Existe una linea esotérica que marca de 30 a 52 días antes de nuestros cumpleaños como una etapa de destrucción, simíl a la quema de pastizales secos antes de poder plantar. Es una etapa en donde se da la oportunidad de desechar las cosas de las que nos debemos desprender que fuimos acumulando durante el año. Para mí esta creencia me resultaría como una curiosidad propia de los cerillos que en su caja llevan el horóscopo, si no fuera por la maldita exactitud con que se presenta. Lo malo de las quemas, es que arrasan, y con regularidad se salen de control; no dejan rama sin tocar ni piedra sin ennegrecer.

Las celebraciones de halloween y noche de muertos son por mucho mi época favorita del año, dada mi natural inclinación hacia la estética oscura que conlleva. Pero en contadas ocasiones he logrado disfrutarlas plenamente, pues es la temporada en que se me aparecen fantasmas, algunos de ellos frescos, otros que juraba haber exorcizado hace años. Su presencia me indica que obviamente hay cosas por resolver. Son solo un aviso a que levante la guardia, porque vienen golpes, lo cual procuro hacer de uno u otro modo. Con el paso de los años, he aprendido a no dejar caer en saco las advertencias. Procuro ponerme a contraviento, evito abrir puertas con destino incierto, dedicarme a lo que estoy haciendo y cachar con cuidado los golpes que van llegando.  Hasta ahí todo bien.

Enter el payaso cholo. ¿Quién es? Un hijo de puta, eso lo aseguro.

Es un traidor que sabe cual esquina voy a doblar y está listo con una varilla con punta en las manos o un calcetín lleno de monedas. No hace mas que esperar a que esté cerca para aplicarme el “guárdame este fierro” en el estomago o golpearme en la nuca por la espalda, y  después ver como caigo de rodillas con las piernas temblorosas sin tiempo para mentarle la madre. Puede agregar un par de patadas mientras me dice “¿ha ver, culero? síguele jugando al vergillas”. Procede a cargarme por un momento un largo rato, quitarme algo preciado y tirarme en un contenedor de basura. “Te lo lavas”, se despide riéndose, el muy cobarde.

Como pueden apreciar, no le tengo estima.

Hasta el momento, siempre me he levantado después de la putiza en donde la herida puede ser superficial o muy profunda. Creo que con el tiempo he aprendido ha defenderme mejor, hasta he alcanzado a adivinarle un poco por donde viene el golpe, pero no me hago ilusiones de salir ileso. En esta ocasión, decidí escribirlo, esperando con eso dirigir mi enojo y frustración hacia algo si no tangible, al menos con nombre.

Se que esta creencia acerca del periodo de destrucción caen dentro del terreno de las profecías autocumplidoras, después de todo tengo una hoja de papel pergamino lleno de firmas que me avala como psicólogo, aunque debo de ser un maestro de la manipulación inconsciente para lograr que se realicen con algunos elementos tan difíciles de invocar. O quizá solo me engaño y nada de esto es real. Una idea que me asusta, pues soy una criatura de hábitos. Claro, como en toda creencia mística tiene su contraparte, que en este caso estipula, a partir de mi cumpleaños de 30 a 52 días propicios para la creación. Sería una pena y un desperdicio racionalizar su existencia.

Hasta aquí mi comentario, seguimos con la programación.

homey

“Foquiu, ese”

 

Día 302.

Quizá debería buscar en linea Twin Peaks. Creo que hay una película y dos temporadas de la serie. Revisando acerca de lo del enano del post anterior encuentro que David Lynch metió de la nada a un demonio-asesino, simplemente porque se equivocó al hacer una escena, donde se reflejaba un decorador del set en un espejo. ¿Solución en vez de repetir la escena? meter al decorador en la serie. Solo Lynch puede hacer algo tan random y hacerlo funcionar. O al menos, ya me dió curiosidad su estilo de producción.

Sigamos el descenso.

-So, what do i fear most in the world?

El miedo es un tema que siempre me ha gustado, en si, la justificación que me dí para estudiar psicología fue el aprender todo lo que pudiera del tema para poder incorporarlo en mis escritos (si, tanto así de tiempo que planee eso), ya después descubrí que no era por eso, pero eso es otro tema. Desafortunadamente, encontré con que la psicología tiene respuestas a medio cocinar al respecto, es un tema al que no se le ha dado demasiada profundidad, mas bien empatándolo con otros, en donde suele catalogarse como una consecuencia o una causa, pero no como un efecto. Un antes o un despues, poco de el durante, a menos que no sea para justificar el hacer o no hacer algo. Admito mi decepción con ello, pero, al mismo tiempo me agradó, pues desde mi perspectiva permite mantener la mística del asunto. Pocas cosas tan desagradables como la viviseción de las cosas que fascinan, sea un radio de transistores o el orgasmo femenino.

Hace poco que comencé con un ejercicio interesante que ya mencione aquí, que es cada día enfrentar algo que me de miedo.

No tiene que ser gran cosa, puede ser desde probar un alimento nuevo o algo mas grande, como por ejemplo montar un caballo, que, no están para saberlo ni yo para contarlo, pero cuando era niño me tiró uno y me rompí el brazo derecho que requirió la colocación de clavos quirúrgicos en el codo, por lo que podrán calcular que volverme a subir a uno fue un trance… complicado.

Como parir chayotes.

El evento ocurrió visitando el volcán Paricutín, terreno que desconocía fuera tan complejo, pues la lava en algunas zonas es toda piedra afilada mientras en otras es un polvo muy fino que dificulta el caminar. De dicho evento aprendí que montar es divertido… una vez que se ha aprendido, claro que el aprendizaje me llevo mas de tres horas en las que las opciones se redujeron a continuar el camino a lomo de bestia o regresarme caminando con las piernas muy adoloridas admitiendo haber sido derrotado por un caballo llamado Cantarito.

Obvio no.

Las rodillas me dolían horriblemente (a pesar de tener varias zonas muertas ahí), me alteraba cada que Cantarito comenzaba a aumentar el paso y no encontraba manera de acomodarme, asegurando que los mas de 3,000 años de equitación estaban mal, nada de ergonomía en el asunto. Llegado al destino, mientras subía el volcán a pie, pude darme el lujo de descansar un rato, recopilar la información adquirida durante la ida y darme cuenta que el regreso resultaba francamente peligroso, pues el sol comenzaba a caer. Si la ida habían sido tres horas a caballo, el regreso me sonaba a unas cuatro o cinco a pie dependiendo del cansancio. Para ese momento ya no me quedaba duda que el esfuerzo era lo de menos, que los dolores tremendos en las piernas que traía durante la ida tenían una parte mental al igual que física, estaba demasiado cansado y la única opción sensible era volver a montarme al caballo.

Bueno, pues por lo menos tratar de disfrutarlo entonces. Durante el regreso aprendí un poco de como controlar el caballo, el equilibrio, hacerlo trotar y durante un par de ocasiones hacerlo correr.

Una de las cosas mas gratificantes que he experimentado.

Como a la media hora de iniciar el camino de regreso, se escucharon aullidos en la sierra, a poco mas de un kilometro, fuera de vista.

“Coyotes”.

Fue la respuesta lacónica del guía que nos acompañaba.

También hay una parte practica en superar los miedo.

Aunque no se puede elegir siempre cuales superar.

Continúa mañana.

 

“Cantarito tenía el crín mas oscuro”.

Día 301.

– What do you fear most in the world?

– The possibility that love is not enough.

Estamos llegando a las fecha de all hallows eve. Comienzas a aparecer festivales de terror en la tele, la venta de mascaras en los centros comerciales se acelera, ya comienza a escasear el maquillaje económico, para cuando llegue la víspera, solo quedarán retazos con los que armar trajes de diablo-ninja-tropical o princesa-bruja-con guantes de calaca.

La pregunta con la que comienza este post es de la serie Picos gemelos, la cual admito nunca tuve el gusto, a pesar que que la pasaban en el canal cinco cuando era niño, según entiendo me gustaría, pero como ya me contaron que el final es un enano bailando en un cuarto vació y que el director, David Lynch, lo puso porque simplemente lo tenia en otra cinta y le gusta joder con el cerebro de la gente, pues no me ha llamado la atención.

Anyway.

La frase la escuché en un disco en vivo de Apoptygma Berserk y me llamo la atención. Bastante tiempo antes me obsesionó otra frase de otra canción, esta vez del grupo A-ha, la cual reza:

 I’m too young to take on my deepest fears.

Últimamente me he preguntado eso. ¿Estoy listo para enfrentar a mis mayores miedos? Ante lo cual me encuentro con una barrera no esperada:

No sé cuales son mis mayores miedos.

Pienso en la primera frase; “que el amor no sea suficiente” … hmm…  personalmente no veo al amor como algo absoluto que lo define o lo vence todo, sino al contrario, es la zanahoria amarrada al palo, siempre a un paso de distancia, justo donde debe estar, porque en el momento en que se alcanza, se devora y se acaba…un buen día se vuelve completo, ya no se lucha por él y queda el vacio de haber derrotado la separatividad…. cuando una flor llega a su máximo esplendor solo le queda el marchitarse a desaparecer. Es horrendo el que el amor no sea suficiente cuando es a lo único que nos aferramos en encontrar, bajo la premisa que suelen vendernos desde siempre de la perfección y ponerselo a todo, como si hubiera tanto como para irlo regando por doquier. El amor es posiblemente lo mas valioso que se tiene como para andar desperdiciándolo sobre cerdos  que pisotean perlas… o flores podridas.

Nope, no creo que el amor sea suficiente y no tiene mi simpatía quien así lo cree.

Eso si, estoy de acuerdo que da mucho miedo, tanto tenerlo como no tenerlo.

Supongo que hay peores destinos que el fusionarse, pero no creo que sean muchos, después de todo solo creo en dos infiernos: el que nos creamos sobre la tierra y a la infinitud de la muerte inconclusa.

Que no a la muerte en si.

Pero ninguno de esos terribles destinos entran en mis mayores miedos, pues el primero es algo contra lo que lucho cada amanecer y cada anochecer con todas sus horas de por medio, y, el segundo, lo enfrentaré cuando aparezca y con suerte, tendré pocos pendientes que me retengan. La idea de convertirme en un fantasma suena poco apetecible por mucho que me llame la atención jalarle las patas a la gente por diversión, pero es seguro que la novedad debe de pasar pronto.

Continua en el siguiente.

“Let’s rock! he said…”.

 

Día 300.

Día 300.

Y cuando desperté, el mundo había girado.

So, llegamos a la última centena. Efectivamente el mundo comienza a mostrar señales de alerta que estuvieron siempre ahí y justo hoy, decide sacudirse un poco, supongo por poner en alerta que el tiempo casí se acaba, estirandose un poco, comentando como si cualquier cosa que es hora de tomar decisiones fuertes o dejar que se alguien mas la tome por uno. He dormido muy poco, tengo un mal sabor de boca y no estoy seguro de si estoy hambriento o si solo es producto de la fatiga la manera tan… deslumbrante que puedo ver las cosas.

Es tanta la claridad, que me asusta y me resisto a mirarla a los ojos. Sin embargo siento su aliento,  calmado, agazapado un momento antes de lanzárseme encima. Que eso es seguro que va a ocurrir.

He despertado varias veces durante la noche anterior sin una razón en especifico. ¿Acaso me han llegado mensajes del éter para advertirme que no es tiempo de descansar? Es posible. Una parte importante de las mitologías concernientes a el fin de los todo tiene que ver con ser contactado, aunque rara vez hay una razón valida para ello a simple vista.

En este momento me encuentro en un diplomado rodeado de cerca 50 mujeres en la que un buen porcentaje detesta la idea de que existan seres con un pene y que tienen la capacidad de cargar un garrafón de agua. El ambiente hostil es de una extraña naturaleza sedante, hasta cómodo a momentos pues arrulla los demonios que pretenden echárseme encima con frases como “Los hombres no entienden la belleza de la vagina”  o “el problema es que hay demasiados hombres en todos lados”. Así sin mas. No explican demasiados para qué.

Ha, soy el único hombre en el diplomado….

Pasaré 4 horas a las semana durante los siguientes dos meses (obvio, los que quedan) asistiendo a estos bonitos encuentros, aunque no tengo muy claro el porqué, solo sigo instrucciones aunque son muy confusas. Bueno, al menos, gracias a eso, puedo darme el tiempo para catalogar por nivel de dificultad los retos que tendré que enfrentar durante este, el final de mis tiempos. Algunos de repente se han vuelto banales, pues me doy cuenta que no son cosas que puedo realizar fácilmente  solo que decidí ver enormes a las hormigas; otras, son sencillas pero dolorosas, no queda mas que apechugar, respirar profundo y esperar que salgan los mejor posible.

Claro, procurando mover las probabilidades a mi favor y/o conveniencia.

Los que siguen, son las cosas que se quedaron atrás. He terminado muchas cosas últimamente, algunas sin darme cuenta. Otras, he eludido por x, y y z, que son las mas complicadas… quizá ya no sea tan joven para eludir mis miedos mas profundos, quizá todavía pueda seguirlas sacando la vuelta. Lo importante es elegir las mejores condiciones para salir airoso… y apresurarse.

No hace mucho que estoy intentando una enseñanza que dice que hay que hacer cada día una cosa a lo que tenga miedo. Supuse que sería difícil, digo, no todos los días me encuentro a un payaso en calle, pero todo lo contrario… siempre salen pequeñas cosas, como ratas peludas intentando meterse en la garganta, y a veces, solo hay una sola manera de detenerlas.

Mordiendo.

“Leónidas tenía solo un futuro”.

 

Día 299.

Y…. terminaron de pasar los helicopteros.

A según, mientras escribo estas lineas, debe estar ocurriendo una pequeña batalla en la salida a Patzcuaro cerca de mi casa. Como acabe, no es de incumbencia de este blog.

Acostumbro pasear a mi perro cargando un palo de bambú para espantar a otros perros, pero hoy mientras iba caminando se para a un lado de mi un taxista quien me invita a dejar el palo pues en sus palabras “traen bien madreados a los chavos que traen garrotes, aquí, a la salida”. Un poco confuso pienso por por un momento el asunto, que es cuando me cae el veinte que efectivamente, los normalistas han tomado la salida Patzcuaro, hay un helicóptero militar en el aire que no había escuchado por traer power metal en los audífonos y que me han llegado noticias que la noche anterior hubo enfrentamientos. Me pregunta el taxista que si soy estudiante, que si estaba en el desmadre, a lo que respondo con un “no, yo vivo por aquí”. Le doy gracias por la advertencia mientras comienza a arrancar, repitiéndome la advertencia.

Considero un momento sus palabras, nuevamente escucho el helicoptero, hago un calculo mental de que tan lejos estoy de la zona de conflicto y son poco mas de cinco cuadras. Demasiado lejos para que me importe, demasiado cerca para que pase una camioneta de federales mal y de malas. Tomo en cuenta que mi aspecto en ese momento esta un poco… desaliñado. Acabo de regresar del trabajo,  traigo el cabello un poco largo y muy despeinado, todo vestido de negro.

Ya antes he tenido roces con la ley por mi aspecto, aspi que decido esconder el bambú en un arbusto cercano y continuo el paseo.

Por la calle veo pocas personas, escucho sirenas mucho mas cerca de lo que esperaba, por lo que decido que la prudencia es el mejor camino a seguir así que tomo una calle paralela para regresar a casa y comer, esperando que termine el desorden.

Es curioso como uno se acostumbra a la violencia.

Llego a mi sitio en la mesa, y descubro que me ha llegado una carta que tiene varios meses que espero. Agradable sorpresa al descubrir que la editorial de Fantasy Flight Games, de quien he comprado el juego de Arkham Horror a contestado con buenos ojos un pedimento que les he hecho. Tengo entendido que no suelen regalar productos promocionales a menos que se asista sus eventos en Minessota (que obviamente no va a ocurrir), pero, en Junio decidí intentar apelar su cordialidad mandandoles una carta en papel florentino en la que les exponía mi caso, dado que soy realmente fan del juego y me agradaría complementar la colección del mismo, así que les solicité una carta de regalo que tuvieran de sobra, claro, solo si tenían la oportunidad. Sabía de antemano que era un una posibilidad remota, pero, no hay peor lucha que la lucha libre.

Dichosos los ojos que descubren que no han mandado una, sino dos cartas, junto con una nota de agradecimiento por mi interés  No hay nada como los buenos modales. Procuraré mandarles a su vez, un mensaje de agradecimiento.

Mientras eso ocurre, por fuera de mi casa pasa una camioneta llena de normalistas cargando postes de metal rumbo a la salida a Patzcuaro. Leo las cartas que me han mandado, una es Cthulhu, quien sueña en R’lyeh esperando a que las estrellas se alineen; y el otro es Hastur, el rey en amarillo. Ambos seres ficticios cuya sola presencia en el mundo provocarían caos y locura.

Se perfectamente que es una coincidencia que me genera una sonrisa. Pero al mismo tiempo, me parece una explicación mas valida para las de consignas que gritan los normalistas acerca de defender mis derechos para provocar temor y furia entre la población.

Oh, la humanidad.

“Bailen, malditos, bailen”.

Día 292.

No vas a vivir por siempre, así que vive ahora.

Así canta Lemmy, yo le creo, porque Lemmy lo puede todo, lo sabe todo, tiene un espacio en mi corazón. Cuando un tipo que solo come carne, toma whisky, rockea todo el tiempo y ademas rebasa los 60, da consejos de vida, hay que prestar atención. Alabado sea Lemmy.

Terminemos con esta sanguinaria serie, que lleva por tema la venganza.

Hay que mantener siempre presente que todas las pasiones son un veneno, en el que o se dejan salir o envenenan al portador, siendo el deseo de cobrarse contra las injurias reales o percibidas una de las mas difíciles de entender en lo que lo desata, al mismo tiempo que es terriblemente sencilla de satisfacer, al grado que suele cobrarse a peso el garbanzo (¿si se dice así?) La sin razón de subir siempre las apuestas, es una constante agradable que retoma la clásica discusión de la delgada linea entre la justicia y la venganza. Cada cultura, cada persona, considera de manera diferente lo que es un castigo válido ante una ofensa o un daño ¿cortar la malo estilo musulmán o seis meses de prisión al estilo mexicano a quien robe una cartera? es un ejemplo completamente extremoso, en la que no hay una respuesta que se pueda discernir con simplezas, pues tal es la naturaleza de la bestia.

La cual su alimento preferido es la fantasía.

En si el acto de llevar a cabo una retaliación es aburrido, sobre todo cuando se puede realizar sin problemas. Sin embargo, cuando esta no puede ser alcanzada inmediatamente o que se ha adquirido el gusto por la destrucción ajena, es cuando toma un carácter entretenido. La planeación es se vuelve desde un hobby hasta un modo de vida, en la que se desarrollan mentalmente (o por escrito, como Bob Patiño) cada evento, escenarios posibles, variables, armas (que pueden ser tanto verbales, escritas o pasar a lo físico , quizá buscar una confrontación directa o ir escalando poco a poco las hostilidades. Justo en este punto es donde se puede pasar a la obsesión. Si, hay un objetivo, todo va a tomar un rumbo definido, con suerte se satisface dicha pasión con y se sigue adelante en un escenario perfecto.

Pero si no…

Una parte bien padre de tomar revancha es la justificación, el convencimiento absoluto de tener la razón, el razonamiento enfermizo que lo que se hace no es algo malo, sino necesario. Entrar a un McDonalds con una escopeta, dispararle a clientes y empleados porque el mundo no es justo, es algo que ha ocurrido (y volverá a ocurrir) bajo la premisa de que alguien tiene que pagar, quien sea, pudiendo llegar a cegar la existencia del vengador después de eso. Hay un punto de quiebre donde se deja atrás la noción de humanidad, empatía o simplemente que importe el daño que se genera: lo que importa es poder saber que el otro sufre… que no necesariamente disfrutarlo.

Despues de que se ha llevado a cabo el asunto, viene el momento de satisfacción o la seguridad de haber actuado, pero mas tarde que temprano va a llegar la realización de que ya termino. No hay mas. Lo único que se puede hacer es recordarlo, pero en el recuerdo pierde el lustre. Se ha inviertido una parte importante de uno mismo en dañar a otro ….¿y….ahora?

Quedan tres caminos.

El olvido, el arrepentimiento… o la repetición.

Es lo mismo que sucede con cualquier otra pasión. Si se abusa, se convierte en un vicio.

Un saludable deseo de venganza es algo a lo que nadie aspira, como igualmente nadie aspira a ser un drogadicto responsable. ¿Pero acaso la respuesta está en poner la otra mejilla? Quizá sea cosa de moderación, elegir cuando soltar los perros de guerra, evitar las batallas innecesarias.

Es aquí donde vale la pena cuestionarse… ¿que haría Lemmy?

“¡No sabe el alacrán que se echó encima!”