Día 193.

Misma locación. Última parte de mi Magnus Opus como los Anillos del Nibelungo de Wagner que creo nada mas él entendió porqué tan pinchemente larga.

¿Neta, cuatro operas?

Bueno, con  esto me aviento 9 posts acerca de mi proyecto del verano. Uy, 4500 palabras. Creo que no es el tamaño, sino lo poco amable con el lector lo que hace a esta serie interesante.

Terminemos.

Y cuando desperté, los diseños impresos  inservibles de las cajitas del Arkham seguían ahí.

En este punto neta, ya quería llorar.

Revisé paso a paso las mediciones que había hecho ¿acaso se me había pasado agregar un milímetro por cada lado? las cartas no entraban de ninguna manera, como los diseños vienen hechos ya tan solo para recortar, tratar de agregarles espacio haciendo los recortes mas amplios resultaba estúpido, en primera porque no quedaban a la medida y en segunda porque era estúpido, así de simple.

Ya había hecho pruebas, pero sabía que había decido imprimir todo de un jalón porque ya estaba harto del asunto, lo que hizo que me desesperara y quisiera terminarlo de una vez.

Que es algo que también me pasa.

Después de considerar seriamente agarrar una botella, ahogar el asunto en humos etílicos y tirar todo a la basura, revisé mentalmente una última vez que pudo haber pasado y me dí cuenta:

El procedimiento.

Había cambiado el procedimiento en un punto, o mejor dicho, me había saltado un paso.

No estuve presente mientras se imprimieron.

Me levanté despacio, fui a imprimir una hoja de prueba, de los archivos y me dí cuenta.

Donde los mandé imprimir ajustaron todas las impresiones al tamaño de la hoja.

Puta madre.

Caigo en cuenta que el error no es mio, que fue tan solo una casilla activada a la hora de imprimir, y que ahora tengo que ir a reclamar al intercafé por un trabajo mal hecho. Un intercafe por cierto, propiedad de un amigo que ha sido muuuuy paciente durante estos días y me ha dejado las impresiones de alta calidad a precios moderados.

La disyuntiva es: reclamar por un trabajo que es casi un favor, o pagar mas dinero en otro lugar donde el costo aumentaría al doble y que por cierto, ya no tengo mas presupuesto… o darme por vencido.

Nuevamente, puta madre.

Tomo la primera opción. No la mas elegante, pero la que necesito.

Hay fricciones en lo que explico lo sucedido, se mantienen las cosas civilizadas pero tensas. Al final acordamos repetir las impresiones sin costo, solo que con menor calidad y en el mismo papel, por el otro lado, pues es opalina, y tendría que comprar otras cincuenta hojas. Me parece un excelente arreglo.

Me parece una llamada de atención que me informa que ponga punto final al asunto. Me quedo mientras se imprimen, doy las gracias, regreso a mi casa e inmediatamente comienzo el trabajo de armar todo. Se ha arrastrado el asunto demasiado tiempo, no importa cuanto tiempo me toma, no voy a dormir hasta que termine de armar todo.

10 horas después, me voy a la cama. Solo resta esperar a que sequen.

24 horas después, ya que ha secado todo el pegamento, meto todas las cartas en su lugar. Armo una funda para los tableros con foamy y silicón; ensayo diferentes configuración de acomodo de todo, afino los últimos detalles y cierro la caja.

El proyecto ha terminado.

El costo total sigue en $495 pesos, sin contar innumerables tazas de café, varias noches sin dormir y un estado emocional entumecido.

Pero esta terminado.

Un par de días después llevo la caja con orgullo a donde juego habitualmente. La presumo al grupo, con diversas reacciones:

– Guey, no se sabe cual cajita corresponde a que.

– Se tarda uno mas guardando todo.

– ¿Porqué no simplemente te traías las cajas originales y listo?

Oh, la humanidad.

Supongo que Wagner tampoco tenía buen carácter.

“Ominoso y monolítico”.

Día 192.

Levemente desagradable lugar para escribir. Desorden que no es mio, polvo, ruido excesivo, caos de cables y hasta un cadáver de serpiente a unos pocos metros.

Llegando a la ¿octava? ¿novena? parte de esta serie acerca de un tema por demás prosaico pero que es necesario terminar mientras aún hay tiempo para hacerlo: la mentada caja del Arkham. He recibido criticas negativas acerca de que es un tema aburrido, que esperaban más y que es repetitivo.

Me alegro, pues así es como me sentí mientras la fabricaba.

Me quede en que pasé toda la noche haciendo diseños para las cajitas internas. Durante el trayecto de la madrugada perdí la noción de lo que hacia, pero en su mayoría el trabajo salió. Cerca de 50 diseños de copiar, editar, pegar, cambiar de tamaño y agregar a un software en linea que daba los patrones para recortar. Al despertar la mañana ya no estaba nublada (por si no lo había comentado, la lluvia es algo asqueroso cuando se manejan pinturas, papeles y pegamentos: detiene todo el trabajo y hace que cuando se pone a secar las cosas tarden el doble, provocando burbujas es la madera o que se deforme el papel) por lo que procedo a terminar de pintar la caja y a barnizarla. Todo sale bien, planeo terminar para mañana, mando a un local de computo a imprimir todo. El chistecisto me sale en otros 100 pesos, tomando en cuenta que también pongo yo el papel.

Por fin tengo la tarde libre.

Hago un recuento de que demonios estoy haciendo.

Con la cantidad de dinero que llevo gastada, creo que pude haber mandado hacer una caja semi-decente, evitarme todos estos problemas y dedicarme a cosas mas productivas. Entonces recuerdo que la verdad no se trata de la caja: se trata de terminar un proyecto que inició hace mas de un año. Desde que me volví adicto al Arkham, decidí que en algún punto cerraría el circulo al comprar todas las expansiones, todos los monitos, todo lo que hubiera, en ese momento construiría una caja para guardarlo todo y después…

La cerraría.

No se, suele pasarme con los objetos materiales que una vez que los obtengo dejan de interesarme, todo está en conseguirlos, no en la posesión en si. Hay pocas cosas en este mundo que me molesten más que atarme a los objetos. Claro, estoy atado a algunos, pero procuro que no sean muchos, ¿saben? aún con los que me son necesarios procuro irles restando importancia, como por ejemplo utilizo celulares desechables con la plena intención de que solo es para llamar y mandar mensajes, si se pierde sentiré feo, claro, pero no que mi mundo se derrumba por estar incomunicado, al contrario, creo que abre posibililidades de comunicación ilimitadas, como por ejemplo, llamar por la estúpida linea terrestre o ir a visitar a la persona.

Digo, es como que la manera de acercarse a la gente, ¿no?

Bueno, mientras considero esto, paso a recoger las impresiones, me tomo la noche libre para descansar y aventarme al día siguiente todo el proceso de recortar y pegar. Hago un par de pruebas de las impresiones, solo para ver como va quedar el producto final. Ya todo se va a desprender de terminar dedicarle unas ocho horas al asunto.

En la prueba, el horror.

Las cartas no entran en las cajas.

Las medidas están mal.

Tengo ganas de romper algo, para justificar la sobreoxigenación.

Van $495 pesos. Echados a la basura.

Termina en el siguiente, lo juro.

“Pero si no tengo un pelo de tonto…”

Día 191.

Escribiendo con mucho ruido periférico. Alguien está construyendo algo, escucho un rotomartillo y martillazos normales. Pongo algodón en mis oídos, cierro la puerta y se reduce lo suficiente.

Es lo interesante de crear algo, por mucho que se intente evitar, siempre se termina haciendo ruido.

Séptima parte.

Uno de mis problemas principales y que me prometí arreglar durante este año es que suelo dejar las cosas inconclusas. Las causas no son importantes pero si las consecuencias. El dejar este proyecto a medias me genera muchisimo estrés  no tanto por lo que es, sino por lo que representa. Despierto rápido, sigue siendo de tarde. Arranco de la caja las separaciones mal hechas que están pegadas solo con pegamento y voy a buscar otro carpintero. Pregunto, nadie está seguro donde hay alguno pero me recomiendan que vaya por el auditorio municipal. En cosa de unos minutos encuentro  en una de las calles principales, en un pequeño taller, al parecer no tiene mucho trabajo en este momento pero estoy dispuesto a aceptar que puede tardar varios días en entregar el trabajo. Lo atiende un carpintero que no pasa de los veinticinco  Le muestro la caja, le explico lo que necesito y lo que no, le llevo unas cajitas de muestra y espero el veredicto. Pongo énfasis en que necesito que sean muy delgadas.

“Te cobro 30 pesos y te los tengo en 20 minutos”.

No le creo.

Le pregunto de que madera va a usar. Me la muestra, es una tipo de aglomerado muy comprimido, bonito y resistente de pocos milimetros de espesor. Le digo que esta bien, pero que también necesito que me refuerce el fondo del cajón.

“Si, no hay problema” Responde.

Y cumple.

El trabajo le queda excelente.

En vez de ponerle un refuerzo, le pone clavos muy delgados a la caja en las orillas y en los nuevas separaciones con lo que queda perfecta. Me dice que si requiero que le haga mas separaciones se las traiga, pues entiende que es para un juego de mesa y llevan muchas piezas adicionales. No me cobra nada extra por los clavos.

Es mi héroe.

Voy a una papelería grande y compro cincuenta hojas de cartulina opalina, un nuevo lápiz adhesivo pequeño y un nuevo cutter mas grande. Si las cosas no funcionaban antes, hay que cambiar de estrategia. Regreso a casa de buen humor, busco una versión vieja del photoshop para ya no utilizar la que está en linea esperando no me haga imposiblemente lenta mi computadora y encuentro en su lugar una versión ligera compatible con mi maquina.

Funciona de maravilla.

Aprovecho que las cosas están saliendo bien. Procuro no pensar que la parte pesada está a penas por iniciar. Paso literalmente toda la noche haciendo los diseños de las cajitas, probando configuraciones hasta que logro hacer un diseño que me gusta, pero mas importante, un método para hacerlas en serie de manera consistente. Obviamente hay muchos errores, pero logro entrar en estado de flujo y al igual que con la manera que escribo, continuo haciéndolo de corrido, editando después. El arte siempre se encuentra en el borrar, no el armar.

Todavía falta mucho, pero me ya me siento mas humano.

Gastos anteriores: $145. Materiales nuevos y carpintero: $150.

Van $395 gastados.

Sin embargo, aún falta un golpe que casi termina con el proyecto.

“Oye Jesus, esos ácidos me hacen ver que tu cabeza brilla”.

Día 190.

Continua la saga.

¿Que computadora debería comprar? ¿Verdad que es es importante que le ponga un Pentiun chingomil+2, dos pantallas de cuarenta pulgadas y un disco duro de cuarenta petabytes?

Esas son mas o menos las preguntas que me han hecho en mi papel de técnico de computo, a lo que habitualmente respondo que compren lo que necesitan: osea una compu que abra el facebook, youtube y office. Fin. Explico que una computadora de veinte mil pesos es para gente que necesita administrar cosas a nivel empresarial como cargar la información de toda la empresa, programadores (no estudiantes, ni que fueran a compilar la información del sistema de drenaje nacional), editores de video (igualmente, no un proyecto de cinco minutos, cosas chonchas) y por último diseñadores gráficos. Siguiendo mi propio consejo, mi laptop es sencilla, ligera y en general una maquina de escribir excelente, que fue como la compré, específicamente que la pantalla y el teclado me fueran cómodos, lo cual ha sido todo un éxito.

Y ahora me encuentro conque ocupo editar imágenes. Y no se utilizar ningún programa.

Maldita sea.

Después de buscar un rato, encuentro varios programas gratuitos que prometen hacer lo mismo que el photoshop (el cual no quiero instalar porque se que literalmente va a comer a mi pequeña maquinita), pero al instalarlos crean conflicto con mi equipo, al parecer no les agrada. Bueno, pues que se vayan al reino. Encuentro una versión online de un clon de photoshop que funciona muy bien… claro, mientras el internet este estable. Platico con varios amigos diseñadores gráficos (dios se los tenga en cuenta) que me explican pacientemente como hacer las cosas mas básicas: reducir tamaños de imágenes, sobreponer unas con otras, ponerle el borde blanco soñado y convertirlo a un formato de impresión adecuado.

Soy bruto para aprender esas cosas.

Me toma una buena parte de la mañana comprender que lo estoy haciendo mal.

Veo el cajón de madera mal construido, la pila de cajas de prueba desechadas, las horas gastadas. Llevo ya siete días y no hay nada tangible. Todo requiere rehacerse, de uno u otro modo lo que significa pagar dinero que no tengo, invertir todavía mas tiempo aprendiendo a manejar correctamente tanto el programa que genera las cajitas como el editor de imágenes  Cortarlas y armarlas tampoco es sencillo, tomando en cuenta que son mas de treinta. Vuelvo a buscar en internet por planos, consejos, cualquier cosa que me aligere la carga de trabajo que estoy generando, pero solo encuentro soluciones a medias de poca utilidad. Le he mandado un correo al creador original del diseño que me gusta, para saber si me puede pasar los formatos con los que hizo las suyas con lo cual integrarlas pero sin resultado.

Paso la tarde acostado, pensando en el asunto. Estoy a punto de tirar la toalla y dejar por la paz el proyecto. ¿A quien va a importarle? a final de cuentas al único que le interesa es a mí y en este punto caigo en cuenta de todas las cosas que no se hacer. Integrar una habilidad nueva es complicado, pero factible; hacerlo con varias me parece una labor dirigida hacía el fracaso, aunque esta sea tan aparentemente sencilla como armar una cajón, que ahora me doy cuenta que requiere ser resistente, manejable, espaciosa y exacta, ademas, estéticamente agradable. No hay espacio para muchos errores.

El costo en dinero en este punto, no tiene sentido. Estoy pagando mucho mas en emociones.

Estoy a punto de darme por vencido, y no me gusta. Pesa demasiado en el estomago.

Decido dormir un rato.

Continua en el siguiente post.

“Feeling old”.

Día 189.

Ah, los recuerdos. Vienen a mi en tropel, asegurándome que no fue tan malo. Obvio, si lo fue, perola memoria es magnánima y protectora.

Martes.

Durante la noche he hecho algunos diseños, dándome cuenta que el programa en linea guarda de una manera “extraña” cada imagen que se utiliza, obligándome a dar pasos innecesarios a mi gusto, pero que al parecer esta hecho con la intención de dar mayor seguridad para evitar caer en errores. Comienzo temprano a separar las barajas y las piezas. La mejor opción que encuentro es no solo separarlas por el juego base y las expansiones, sino agregarle de una vez las piezas que no pienso separar (¡osea las que expanden las las expansiones!) lo cual no resulta tan facil como parece. Claro, es entretenido hacerlo en este momento y es algo que ya he hecho con anterioridad, justo por eso lo hago: pues la parte mas engorrosa de el Arkham Horror es que después de cuatro o cinco horas de juego hay que volver a guardar todo ya con la cabeza abotagada, hambre y ganas de irse a dormir. El plan es que si integro las cosas de manera correcta de una sola vez, ese proceso se va a volver mas fácil a largo plazo.

Obvio cosa que no va a ocurrir fácilmente, los humanos en general somos criaturas de hábitos muy arraigados y nos cuesta el cambio. Si por nosotros fuera, seguiríamos en una caverna con fuego, una piel de oso y sin bañarnos, como ocurrió durante miles de años, la única razón por la que se decidió salir de las cuevas es porque se meten los tigres dientes de sable.

En fin, el proceso de medición resulto mucho mas largo de los esperado, me tomo casi cinco horas hacer las mediciones, teniendo que hacer correcciones a medio camino pues no tomé en cuenta el tener que dejar un poco de espacio extra para que no fuera difícil meter y sacar las cartas. Es curioso como a esas escalas un milímetro puede convertirse en demasiado o muy poco, necesitando un punto medio… que por cierto, es ridículo tratar de utilizar.

Ya con las mediciones terminadas, voy a recoger por fin la caja, esperando que ahora si la tengan, lo cual sucede. Éxito.

Las separaciones quedaron horrendas, parece que las hizo un niño de kinder. Fracaso. Son demasiado anchas, de aglomerado  quitan horrores de espacio necesario. Paso a meter las cosas de nuevo para ver si cabe todo, lo cual es un si, pero no. Claro que caben, pero se van a maltratar horrores. De todos modos pinto las separaciones para ver como quedaría  igual podría encontrar una manera de arreglarlas… pero no. Simplemente no funciona.

Para este momento ya me encuentro muy cansado y el proyecto no ha avanzado absolutamente nada. Lo único que tengo es un cajón demasiado chico para lo que necesito y un montón de mediciones que me hacer ver que vaciar la información no va a ser una labor fácil.

Para acabarla de fregar, acabo de entender que hacer los diseños va a requerir utilizar un programa de edición de imágenes para que no se vean tan mal.

Tan.

Continuara.

“Trece octavos de perro café”.

Día 188.

Los sueños son intensos, casí humedos. Vuelvo a cerrar los ojos para evitar la contaminación de la vida real, pero no tiene caso, su rostro se ha deformado y las marcas en su piel no son las mismas. Mejor me pongo a escribir.

Checo las cajitas a ver como se han endurecido durante la noche. Me gustan, pero eso es algo que pronto va a cambiar.

Llevo el cajón de madera ya completamente azul con un carpintero. Me doy cuenta que los tres talleres cercanos que conozco han desaparecido. Hago memoria de la ultima vez que utilicé alguno, dándome cuenta que efectivamente tiene bastante que no he ocupado servicios de carpintería. Pregunto en una tlapalería, con lo que consigo la dirección de un lugar a pocas cuadras de mi casa, en una zona que visito poco. Lo encuentro todavía abierto, a pesar de ser hora de comer, lo cual es magnifico. Es un taller bastante grande, se ve que tienen muchisimo trabajo, pero no hay problema, me van a cobrar $60 pesos por las separaciones, reforzar la base y ponerle una linea de madera que atraviese la tapa para evitar que con el tiempo se curve evitando que cierre bien. Explico como quiero cada cosa, llevo dos cajitas para que se mida perfectamente las separaciones y no quede margen a errores: he calculado todo, me van a cobrar poco por lo que quiero.

Soy un genio.

La tarde la dedico a comprar una lata de barniz, para cuando tenga la caja. Estaba seguro que tenía, pero no es así. De haberlo sabido, hubiera esperado para pintarla toda y pedirle al carpintero que la barnizara. Ahora tengo que esperar a que la entregue, pintar las separaciones y aplicar el barniz. No importa. Todo marcha sobre ruedas.

Reviso las cajitas nuevamente, algunas quedaron como si tuvieran una costra opaca encima, ademas que la tinta se ha corrido ligeramente, mezclandoze con el resistol, quedando el primero flotando fragmentariamente. Le da un terminado sucio, se pierde toda la intención. Ademas, otras son demasiado grandes, si, caben todas las cartas perfectamente, pero se ven burdas. Quien hizo estos diseños no es profesional. El único que me gusta realmente es de las primeros que imprimí: tienen poca tinta porque la impresión se hizo en calidad baja, cada lado tiene un borde blanco que le elegancia al producto terminado, el diseño es simple y el resistol ha quedado perfecto. Pregunto y me informan que el papel que se utilizó es cartulina opalina, pero ya no tienen mas donde voy a imprimir. Debo llevar el mio.

En este punto tomo una decisión que me va a costar muy caro.

Decido que quiero que todo el proyecto lleve el mismo diseño con el borde blanco. Actualmente cuento con menos de la decena de ellas… ocupo otras tres decenas más. Como no existen dichos diseños, pues los tendré que hacer yo, después de todo ¿que tan difícil puede ser? es solo bajar imágenes, ponerles el borde blanco y utilizar un programa en linea que hace el diseño automáticamente dándole las medidas de lo que se ocupa, por agregar las imágenes editadas y voilá: mágicamente cajitas.

Paso la noche averiguando como funciona, pregunto en un foro la mejor manera de saber cuanto espacio extra agregar al interior de las cajas. Hago pruebas, creo que no es tan fácil…

Al día siguiente voy con el carpintero. Todavia no ha terminado a pesar que me aseguró que lo tendría hoy. Pero, así son los artesanos de incumplidos.

Estoy cansado, hay nubes de tormenta en el horizonte. Si llueve, no va a secar bien ni el resistol ni el barniz. Esto lleva ya hoy cinco días y todavia no he comenzado el trabajo rudo.

Gastos hasta ahora: $85, mas $60 al carpintero.

$145.00

Creo que no soy un genio después de todo.

“Carpintería El mesías. De la cuna a la tumba”.

Día 187.

Temporada de comer frutas todo el día. Hay de todo, para todos los gustos, a precios de risa, a diferencia de otras regiones donde la fruta es carisima, donde nunca han probado realmente un jugo de naranja recién hecho o un agua de melón, mucho de piña. Hay que aprovechar lo que hay en abundancia.

Siguiendo en la caja de Arkham. Como podrán darse cuenta, estos escritos no son solo una bitácora o una relación de las vicisitudes en su construcción, sino que también llevan cosas que no vienen al caso. Siempre había querido hacer algo así.

Comenzando el fin de semana como tal, bien pronto me dí cuenta que no podría encontrar algunas cosas que necesitaba.

En primer lugar, decidí construirle unas separaciones al cajón en donde acomodar las cartas (al puro bananazo), al igual que reforzar el fondo con unas tiras de madera cruzada como soporte. Tomé un pedazo sobrante de madera que encontré ahí, procedí a medirlo, tomar una segueta y con decisión cortar, seguro que quedaría perfecto.

Obvio, no fue así.

Quedaron mal cortados, no ofrecían el soporte necesario y desentonaban horriblemente con la caja en su conjunto. Como ya pasaba del mediodía del sabado, no me quedaba nada mas que esperar al lunes para ir con un profesional esperando que no me cobrara demasiado por hacer las separaciones. Mientras tanto, decidí comprar tinta para madera. Buscaba algo morado, pero al no encontrarlo, opté por azul. Ya antes he trabajado con tinta, realmente le da un buen de originalidad a las cosas, es económico y fácil de aplicar. Nunca he sabido porqué no lo manejan mas en los muebles.

Como sea, pasé la tarde aplicando la tinta. Al terminar, decidí ir a imprimir algunos diseños que había encontrado, aunque todavía no estaba seguro de como traspasarlos a los diferentes tipos de papel que había comprado. Uno de ellos, en particular, es cartón corrugado, el cual a pesar de que no sirvió como el material adecuando para guardar cartas, resultó muy practico para hacer pruebas, tan solo pegándole hojas impresas en papel bond. Además, tuve la suerte de que en donde fui a imprimir, contaban con unas pocas hojas de papel opalina grueso (que mas tarde me enteraría se llama opalina cartulina) que soporta perfectamente la impresora del lugar.

Ya contaba diez diferentes diseños que bajé de otras personas que han hecho proyectos similares, desafortunadamente, no encontré ninguno tan extenso como el que estoy trabajando. La tarde-noche la dedico a cortar, armar y pegar, donde descubro que soy lento para ello pues me toma mas de tres horas el asunto. Poco a poco me estoy dando cuenta que esto no va a ser algo que vaya a terminar en poco tiempo.

En algún lugar de mi mente, una vocesita comienza a decirme “es mucho trabajo, te va a salir caro, deberías de dejarlo de una vez, todavía estas a tiempo”. Si algún personaje de Lovecraft hubiera escuchado esas palabras, es seguro que dudaría de si mismo, cuestionaría el valor de dicha advertencia y de todos modos se sumergería en los horrores por venir, pensando tontamente, y, completamente equivocado, que lograré salir indemne.

Al parecer soy un personaje de Lovecraft, pues en horizonte solo hay desesperación.

Gastos hasta ahora: $30. Tinta azul, $35; 10 impresiones, $20.

Total, $85.00

 

“Será algo que he comido”.